La era de Menga

La era de Menga
  • Hace 4.500 años, Antequera albergó importantes poblados calcolíticos dedicados a la agricultura, la cría del ganado y la edificación de dólmenes

Cuando el dolmen de Menga se construyó, la depresión de Antequera era una laguna pantanosa de agua salada en cuyas cotas más elevadas vivía el hombre en pequeños o grandes poblados que a veces eran estacionales en función de las épocas de caza y de las cosechas. Habitaba cabañas circulares o semicirculares cubiertas con material vegetal en cuyo interior, a modo de sótanos, construía silos para almacenar granos y cerámicas. Había descubierto ya las ventajas de la agricultura y de la cría del ganado y empezaba a trabajar con los metales. Era la Edad del Cobre y de ello hace ya nada menos que 4.500 años.

Dicen los que saben, que aún hay pocas respuestas exactas para las preguntas que el hombre moderno se hace sobre su Prehistoria y que, sobre todo, se debe hablar siempre de hipótesis que serán o no confirmadas en el futuro. Arqueólogos especialistas en esta etapa de la humanidad, como Francisco Carrión, Leornardo García Sanjuán o Luis Efrén, investigaron hace tiempo sobre el terreno o con excavaciones algunos de los poblados que se localizaron o en el municipio de El Torcal. El último de ellos, el de Los Silillos, se detectó a raíz de las intervenciones prospectivas destinadas a verificar la viabilidad patrimonial del aeropuerto de Antequera y se ha excavado parcialmente de urgencia al verse afectado por la A-45.

Los trabajos fueron coordinados por la Oficina Arqueológica del Centro Municipal de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Antequera, en colaboración con la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía y dirigidos por Juan Bautista Salado. En una superficie excavada de 4.000 metros cuadrados se habían encontrado 52 silos y materiales cerámicos, líticos trabajados por talla y pulimentado y para la preparación de metales, lo cual indican actividades domésticas cotidianas de almacenamiento, preparación y consumo de alimentos y de instrumental.

El descubrimiento de la agricultura y la cría del ganado vacuno, junto a la caza -se han hallado restos de ciervo y carnero salvaje en El Silillo- garantizaban el alimento y permitían al hombre de entonces dedicarse a otras actividades como la construcción de túmulos funerarios y altares de culto mitológico.