US Open

Nadal, Nadal, Nadal y volver a ganar

Nadal celebra su victoria.
Nadal celebra su victoria. / Robert Deutsch-USA TODAY Sports

El español, número uno del mundo, se apunta su tercer entorchado en Nueva York y su decimosexto ‘Grand Slam’

MANUEL SÁNCHEZMadrid

Como si de un domingo en el campo se tratase. Nadal llegó a la Arthur Ashe como quien entra en Central Park y se sienta en la hierba a tomar un picnic. Él puso el mantel, los cubiertos y el ritmo. Anderson solo ofreció algún destello lejano, y fue Rafa Nadal el que se llevó la copa a casa. El balear derrotó a Kevin Anderson (6-3, 6-3 y 6-4) y sumó su tercer Abierto de Estados Unidos (2010 y 2013) y el decimosexto ‘Grand Slam’ de su carrera.

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Como diría Luis Aragonés, Nadal salió a ganar, ganar, ganar y volver a ganar y lo hizo desde el calentamiento. Solo los números asustaban. Mostraba en su palmarés 15 grandes por ninguno del sudafricano, 90 millones de dólares (74,8 millones de euros), por menos de siete de Anderson y, su estatus una leyenda del deporte y del tenis, en un mundo en el que el número 32 del mundo solo pudo ser un mero espectador.

Un invitado inesperado a una fiesta organizada por y para Nadal en la que el público animó al sudafricano en momentos puntuales, solo para amortizar el precio de la entrada. Tiger Woods, Bill Gates, Stefan Edberg y otras grandes celebridades reunidas en Nueva York se quedaron con ganas de más, en un partido que duró dos horas y media.

Nadal vistió de negro. Dentro de las miles de supersticiones y manías del balear, prefirió el negro, con el que ya ganó aquí en 2010, al rosa habitual que vistió en la sesión de día.

Poco a poco se asentó en la pista y en unas condiciones que, a priori, le favorecían. Sol en Nueva York y techo abierto. Pese a ello, la fuerza del saque de Anderson se impuso en los compases iniciales. Nadal restaba casi en la pared de fondo, y el sudafricano asestaba a más de 210 kilómetros por hora.

Una fuerza y unos porcentajes al servicio que difícilmente se mantienen en un partido a cinco sets y más si enfrente está el tenis erosionador del tres veces campeón en Nueva York. Nadal llevó el partido a su terreno y alargó hasta la extenuación los intercambios. Tras 45 minutos de partido, se habían disputado seis juegos. Y ahí, el manacorense hizo ‘click’. En el séptimo juego, a Anderson se le cayó una pelota del bolsillo en mitad de un punto, situación atípica y que obligó a repetirlo, lo que supuso una predicción de lo que iba a ocurrir. A Anderson se le cayeron las armas y y cedió su saque en la quinta oportunidad de rotura del balear, con lo que entregó el set y la actitud.

Nadal enganchó cuatro juegos consecutivos (6-3) y con una rotura en el segundo y otra en el tercero, asestó la estocada definitiva y encogió a un Anderson que solo pudo darse algún gustazo aislado al servicio.

El español, número uno del mundo con 2.000 puntos de ventaja sobre Roger Federer, finalizó la final con 29 golpes ganadores, 11 errores no forzados y más de un 85% de puntos ganados con primer saque. Estadísticas brutales en la final de un ‘Grand Slam’ sobre pista rápida (cemento y hierba) en la que menos juegos ha cedido.

Su segundo ‘Grand Slam’ de la temporada, y el quinto título de lo que va de año, le deja en una posición inmejorable para mantener el trono a final de año, y le permite soñar con alcanzar los 19 grandes del suizo Roger Federer.

A sus 31 años, tras más de tres años sin conquistar un título en pista dura (Doha 2014), Nadal vuelve a demostrar que siempre se puede confiar en él, y que renacerá todas las veces que haga falta.

La historia del deporte español vuelve a relacionarse con Sudáfrica, pero esta vez, con Rafa Nadal como protagonista principal.

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