De Calaflores al All England Tennis Club

El tenista malagueño, nada más lograr ayer el triunfo en Wimbledon.
El tenista malagueño, nada más lograr ayer el triunfo en Wimbledon. / REUTERS

Talento precoz, su padre boxeador y Jorge Aguirre han sido claves en la progresión del malagueño Davidovich, criado en la Cala del Moral

PEDRO LUIS ALONSOMálaga

¿Jugaba Boris Becker o lo hacía un tal Alejandro Davidovich Fokina? Por un momento la duda se cernió sobre los más veteranos seguidores en la pista 1 del All England Tennis Club. El rubio malagueño, de fisonomía eslava, cinta en la frente y cabello rubio difícil de domar, no sólo guardaba cierto parecido con el teutón, sino que deleitaba a la grada con su amplio repertorio de golpes y su atrevimiento.

Davidovich ha trepado al penúltimo peldaño hacia la cima con su título júnior individual en Wimbledon. La proeza sólo lograda antes por un español, Manuel Orantes en 1967 (ganó por 6-2 y 6-0 al mexicano Mike Estep), un año antes del inicio de la denominada ‘era open’ –de ahí que algunos medios situaran al malagueño como el pionero en nuestro país–, es un hito que le augura una llegada casi segura al circuito. En la copa que aupó el malagueño ayer figuran también nombres como los de Bjorn Borg, Pat Cash, Ivan Lendl o Roger Federer. Casi nada.

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Hoy Davidovich subirá o se acercará al podio del ‘ranking’ junior mundial, y su puesto ATP es el 634.º, de ahí que su rendimiento en los próximos meses, en Challengers, Futures y previas de torneos del circuito profesional, sean decisivos para el salto definitivo a la élite, el paso más complicado y que no todos los tenistas han sabido dar.

Hay dos figuras clave para que Davidovich, que con 5 años ya sorprendía por su talento en las pistas de Calaflores y, más tarde, Serramar (ambos en la Cala del Moral), se haya convertido en una de las más firmes promesas mundiales. Primero, su padre, Eduard, un boxeador sueco nacionalizado ruso que se puso entre ceja y ceja que su hijo fuera tenista a base de una disciplina espartana. Su primer entrenador, Manolo Rubiales, recuerda el inconformismo de padre e hijo: «Desde el principio, (Eduard) quería que fuera profesional, y no le gustaba que compartiera clases con otros niños. La verdad es que en grupo se aburría. Era como un superdotado, el típico chico que tiene facilidad natural. Si le ponías algún reto lo lograba, y siempre se mostró muy competitivo».

Con 5 años ya sorprendía por su talento y su primer entrenador, Manolo Rubiales, recuerda: «En grupo se aburría; era como un superdotado»

La otra persona decisiva, además de su madre (Tatiana, residente en Riviera y casada en segundas nupcias), fue Jorge Aguirre, que ha asumido una apuesta personal, y hasta económica, muy confiado en las posibilidades de Álex. Como sus padres se divorciaron –Eduard no vive en España–, el técnico y su esposa han sido casi unos segundos progenitores los últimos seis años en Marbella, en el Hotel Don Carlos. Por allí ha aparecido con asiduidad el talludo australiano Alexei Popyrin, verdugo de Davidovich en semifinales en Roland Garros hace apenas un mes.

Años atrás hubiera resultado impensable que Davidovich fuera ayer ‘trending topic’ en Twitter, pero su progresión ha convertido su proeza en Wimbledon en un episodio más de su imparable ascenso. Campeón de España sub-12, sub-15 y sub-18 y del Masters del Tour Mapfre Rafa Nadal, este año también ha jugado dos finales en torneos Futures.

«Si llega, la reventará»

«No tiene el perfil de llegar poco a poco. Si llega, la reventará», asegura Jorge Aguirre. Sólo se le pueden encontrar dos defectos: su servicio, que no es del todo malo pero no comparable al de los ‘cañoneros’ del circuito, y su excesivo carácter en la pista, que lo lleva a descentrarse en algunas fases de los partidos. Ya ha demostrado incluso su capacidad en cualquier superficie.

Ante sus apellidos, Davidovich y Fokina, muchos aficionados dudan del malagueñismo del tenista, criado en la calle San Juan de la Cala del Moral y que, a diferencia de la mayoría de tenistas, no ha salido de la provincia en su formación. Actualmente reside en un piso en Marbella junto a dos tenistas jóvenes (Boumer y Klegou) y tiene novia (lo acompañó ayer).

Las dudas sin fundamento sobre su españolidad se juntan con las de Nicolas Kuhn, este un alemán nacionalizado hace dos años tras asentarse en Alicante y que el sábado ganó ya con 17 años un torneo Challenger en Braunschweig (decimocuarto tenista más joven en lograrlo). Ellos son el futuro del tenis español, en la picota a nivel masculino por la ausencia de un relevo generacional a los Nadal, Ferrer, Verdasco o Feliciano López. Tras los Albert Ramos, Pablo Carreño y Roberto Bautista, ellos serán los próximos en darnos alegrías.

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