Diario Sur

Davidovich es el futuro

Alejandro Davidovich, en la pista del Tennis & Sports Club Don Carlos, de Marbella.
Alejandro Davidovich, en la pista del Tennis & Sports Club Don Carlos, de Marbella. / Josele-Lanza -
  • El mayor talento tenístico malagueño en dos décadas se aproxima al salto a la élite mundial

  • A sus 17 años estará en enero en el ‘top 15’ júnior y su equipo de trabajo estima que puede cerrar 2017 entre los 400 mejores del ‘ranking ATP’

La maldición que pende sobre el tenis malagueño, sin jugadores que se hayan instalado en el circuito ATP en las dos últimas décadas, puede volver a encontrar antídoto en La Cala del Moral. Allí, en Serramar, comenzó a formarse en la disciplina Emilio Álvarez, que después de recorrer medio mundo y de llegar a la final en el torneo ya extinto de Kitzbuhel (Austria), está retirado y reside en su casa de El Cantal. También en La Cala del Moral, en una sencilla vivienda de la céntrica calle San Juan, se crió Alejandro Davidovich Fokina (5 de junio de 1999), cuyo nombre induce a engaño. De padre sueco (con nacionalidad rusa) y madre rusa, su acento enseguida denota dónde ha vivido toda su vida. En enero saldrá con el puesto undécimo del ‘ranking’ júnior mundial. Todo hace pensar que será el sucesor de Emilio Álvarez si nada se tuerce en los próximos meses. En realidad es una de las esperanzas de futuro del tenis nacional.

Davidovich es talento puro, a raudales. «Con cinco años era capaz de mantener un peloteo conmigo e, incluso, dar algunos efectos a las bolas... Y no veas cómo se enfadaba si fallaba alguna...», recuerda Manuel Pablo Gómez, entrenador nacional. «No tiene el perfil de llegar poco a poco. Si llega la reventará», asegura su actual preparador, Jorge Aguirre.

La joven promesa malagueña no pudo ser más precoz. «Mi padre fue boxeador, no jugaba al tenis, pero empezó a llevarme a jugar con dos años y medio. Luego ya empecé a jugar torneos con cinco y veía que se me daba bien», recuerda. Los que tuvieron el privilegio de verle en las pistas de Calaflores no recuerdan a alguien con más talento para el tenis a esas edades.

Manolo Rubiales, su primer entrenador evoca ahora cómo fueron aquellos años, y la disciplina espartana a la que le sometía su padre, ahora más desligado de su vida.«Desde el principio quería que fuera profesional, y no le gustaba que compartiera clases con otros niños. La verdad es que en grupo se aburría.Era como un superdotado, el típico chico que tiene facilidad natural. Si le ponías algún reto lo lograba, y siempre se mostró muy competitivo. Nunca le ha gustado perder, por lo que se enfadaba si no lograba alguna de mis propuestas».

Rubiales no oculta sus orígenes humildes. Jugaba con una raqueta del mercadillo de La Cala, una Artengo, y yo me quejaba a su padre que no tuviera alguna mejor. Nunca se había entrenado en tierra batida y llegó al Campeonato de España sub-12 y se cargó a los mejores... con esa raqueta (entre ellos, al murciano Andrés Fernández en la final, que estaba invicto). Pronto nos llamaron de esa firma comercial para que firmara un contrato...».

Ni siquiera el propio Aguirre, extenista y entrenador de Davidovich desde 2009, reconoce haber disfrutado nunca de un diamante de tantos quilates; eso sí, aún por pulir en algunos detalles: «No he visto a un jugador de esas características. He podido ver a jugadores más hechos con su edad, pero él tiene su techo muy lejos. Su tope ni se vislumbra».

¿Resultan exagerados todos los comentarios que se oyen sobre él? Su trayectoria, en todo caso, los justifica. Davidovich ya ha sido campeón de España alevín (sub-12), sub-15, y sub-18, con la salvedad de que este título lo alcanzó con 17 años, en su primer año de júnior. Eso tampoco ha sido óbice para ganar ya, a nivel internacional, un título ITF de grado 1 (los de más nivel en el calendario de los júniors) en Canadá. Además, en este año disputó los cuadros júniors de tres torneos de Grand Slam. No brilló en exceso en Roland Garros y Wimbledon (su primer contacto con la hierba), pero sí en el US Open, donde alcanzó los octavos de final.

Primeras citas a nivel absoluto

De forma paralela, ha ido disputando torneos sénior, y alcanzó cuatro veces los cuartos de final en Futures y fue campeón de dobles en uno en Nigeria. Su ‘ranking’ absoluto ATP es hoy el 854º. «Mi idea es tratar de estar en el ‘top ten mundial’ a nivel júnior para jugar los tres Grand Slam y acabar el año en el Master de China. Ya dependiendo de cómo lo haga, a ver si se puede intentar el salto al mundo. El cálculo que tenemos es un 350 o 400 de ranking’ ATP al final del año. Puede ser un objetivo realista. No es excesivamente ambicioso», se pronuncia Aguirre.

Davidovich es diestro, con revés a dos manos. Con 17 años, no se calcula que crezca mucho más allá de sus 1,83 actuales, pero va ganando en fuerza y domina bien todos los golpes –«no baja del ocho en ninguno», remarca su técnico–. Ha llegado a sacar a 208 kilómetros por hora, pero no destaca especialmente en un tipo de pista, aunque su agresividad pudiera hacerle lucir más en las rápidas.

«Hay que intentar darle algo de pausa a su juego. Hay que estabilizarle y darle tablas. Cuando está en estado óptimo es espectacular, pero tiene partidos en los que baja el nivel. También tiene que ser más disciplinado en el trabajo de defensa, soportar mejor cuatro o cinco bolas difíciles», asegura Aguirre, algo en lo que coincide el propio jugador.

La apuesta es clara por la llegada al mundo profesional. En un tenis español ausente de un relevo generacional, se apunta a la generación de 1997 (los Jaume Munar, Álvaro López, Carlos Taberner, Bernabé Zapata y Pedro Martinez Portero) y a Davidovich y Nicolás Kuhn (hijo de alemán, afincado en Alicante y del año 2000), los dos mejores júnior del momento.

«Aún estamos lejos, pero tiene las condiciones para pelear por eso. Lo tiene claro, es su vida y es su ilusión», afirma Aguirre, y lo corrobora el propio jugador. «He apostado mucho por el tenis, y no quiero pensar en nada malo», afirma en relación a posibles lesiones. «Si mejoro algunas cosas y me pongo más serio y profesional, creo que puedo llegar». Afortunadamente, los percances físicos le han respetado. Sólo pasó una vez por el quirófano, tras un desprendimiento de cartílago en una rodilla a finales de 2012. «No me lo esperaba. Fui a entrenarme y de repente no podía andar. Al principio nadie sabía lo que pasaba. Me hicieran muchas radiografías con infiltración, y estuve seis meses parado», recuerda.

Davidovich acaba de jugar en Manacor en el Campeonato de España, donde le eliminó Munar, y la lluvia le ha impedido lucirse en el II Open Nacional Inacua este fin de semana. Vive en un piso e Fuengirola junto a los jugadores Boris Beumer (holandés) y Alexis Klegou (francés), y se entrena en el Tennis &Sports Club Don Carlos, en Marbella. Sin hermanos de sangre, su principal lazo familiar es su madre, que reside en Riviera y casada en segundas nupcias tras separarse de su progenitor. De ahí que también su entrenador y el entorno de éste sean como otro núcleo familiar para él.

Jornadas diarias de casi seis horas de preparación (física y técnica) y más de veinticinco viajes por temporada forman la vida de este chico de 17 años, en un deporte extremadamente caro a ese nivel. Actualmente juega con raquetas Tecnifibre, pero no ha captado el patrocinio de ninguna gran multinacional.

«De pequeño, como a todos, me gustaba Federer. Ahora mismo me me veo más reflejado en Djokovic por su juego, su mentalidad, y la flexibilidad que tiene en la pista», afirma Davidovich, que entiende el ruso, aunque no lo habla con asiduidad.

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