HOY ES SIEMPRE TODAVÍA (Antonio Machado)

PEDRO RAMÍREZ

Treinta años son muchos, pero no suficientes para olvidar. Toda una vida para algunos y un trozo de lo vivido para otros que nos aleja de aquellos tiempos pero que son parte de nosotros mismos para siempre, como decía el gran Antonio Machado. Y 30 años son los que precisamente cumple esta temporada el ascenso de Mayoral Maristas a la Liga ACB, la máxima categoría del baloncesto español, el sueño del equipo de un colegio hecho realidad, una lección de vida y de la suma de esfuerzos compartidos.

La semilla estaba puesta por una institución como la de Maristas que amaba y ama el deporte, como un medio más a su alcance en su compromiso con la formación integral de sus alumnos, como un vehículo capaz de transmitir valores esenciales como la amistad, el afán de superación, el espíritu de sacrificio, el trabajo en equipo, la lealtad... Valores eternos con los que tuvimos la suerte de crecer que siguen vigentes en nosotros, que perseguiremos el resto de nuestras vidas y que explican cómo pocos el mérito de lo conseguido.

Gracias a un grupo de personas normales y únicas coincidentes en el tiempo, integradas en una misma idea que se impregnaba desde arriba hasta abajo, desde los Hermanos Maristas, directivos, técnicos, jugadores, entrenadores y jugadores de cantera, personal de oficina, alumnos, profesores, aficionados, colaboradores.... Todos inolvidables. Y esa idea nos hacía sentirnos capaces de todo, con respeto y humildad pero sin complejos ante la incomprensión y, muchas veces, el desprecio, porque aprendimos que desde la generosidad, desde el derroche en el esfuerzo y el trabajo teníamos una oportunidad de superarnos a nosotros mismos y a rivales mucho mejores, apoyados, eso sí, en una ambición sin límites, una buena dosis de autoestima y un gran orgullo de pertenencia que eran absolutamente integradores.

Y en aquel vetusto pabellón del colegio, donde no cabía un alma, con la pista rodeada de alumnos y con la pasión prendida por el amor al baloncesto y a nuestros colores, se pertrechó la hazaña. Había que vivirlo. Todos formábamos parte de aquel equipo, todos nos dejábamos la piel en el partido. Era divertido, unos remaban sin parar y otros ponían la guinda al pastel en una combinación espectacular de juego, esfuerzo y trabajo en equipo.

La llegada de la empresa malagueña de confección Mayoral resultó absolutamente esencial para conseguirlo, ya no sólo por la viabilidad económica que le dio al proyecto, sino también, y sobre todo, por lo que suponía tener su confianza y llevar ese nombre de éxito en las camisetas, lo que reforzaba, y de qué manera, la fe en nosotros mismos.

Imposible obviar aquel viaje a Sevilla, el formidable atasco de autocares ocupando toda la calle Victoria que se llenaba de camisetas azules con el logo del club para poblar la grada del Centro Deportivo San Pablo y rubricar allí el ansiado ascenso. De todo ello también formó parte la rivalidad que vivimos en el propio colegio con el Balonmano Maristas, con el que pugnábamos por cada metro cuadrado o trozo de pabellón mientras vivían al tiempo una gesta similar deportiva, el ascenso a la Liga Asobal, duplicando así una leyenda deportiva de un colegio difícilmente igualable y que no tiene parangón en el deporte español, influencias y ratos de charlas que nos hicieron mejores y que dejaron para siempre admiración mutua y una estrecha amistad.

Como inolvidable e imprescindible para entender todo esto fue, cómo no, la gran rivalidad deportiva que mantuvimos con el Caja Ronda, que también explica de alguna forma el boom del baloncesto malagueño. Un modelo distinto, dos formas de entender el juego y probablemente la vida, pero una referencia clara que tomar y que teníamos por delante, lo que nos hizo crecer a la vez que nos obligaba a redoblar nuestro empeño. Poco importaba que fuera un partido de cantera o de los primeros equipos porque igualmente se llenaban nuestros pabellones de gentes y pasión por nuestro deporte.

Una crónica no escrita que merece su propia película, un grupo de personas que acabó haciendo historia en el baloncesto español y ganándose su respeto ahora cumple 30 años.

(Continuará).

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