RACHAS

JOSÉ A. GARRIGA VELA

Las crisis van por barrios. Ahora le toca al Madrid, pero Zidane declara no estar preocupado. No se ha producido un descalabro definitivo ni mucho menos, sólo encuentros que se han perdido y lo alejan del liderato tanto en Liga como en Champions. En estos momentos delicados, Cristiano Ronaldo se acuerda de los ausentes: Pepe, Morata, James. La afición del Real Madrid también echa de menos a los que se fueron, lo que no deseaban ser la sombra de nadie. Supongo que Valverde aprenderá en cabeza ajena y se replanteará su objetivo de reducir la plantilla del Barcelona, sobre todo cuando las lesiones ya le obligan a modificar la alineación titular. En cualquier caso resultan inexplicables la racha de juego y resultados de los dos equipos madrileños, como si ambos despertaran de una resaca. Además, el infortunio se ha cebado con ellos. La suerte se alía con los ganadores.

Los aficionados pierden de repente la memoria cuando comienza a rodar el balón. El fútbol es una pasión inmediata. No importa que se hayan conseguido títulos la temporada anterior. Isco ha aprendido muy pronto a no dejarse influir por las alabanzas ni las condenas. Sabe que la felicidad puede irse al traste en menos de noventa minutos. Vislumbra la delgada línea que separa el éxito del fracaso. Hay que jugar sin dejarse influir por las críticas da igual del signo que sean. El camino es largo y el fútbol da vueltas constantemente. Las crisis se olvidan con un simple cambio de resultados, aunque se juegue igual de bien o de mal. Un jugador puede ser silbado y vitoreado en el mínimo margen de tiempo que existe entre dos partidos. La cara y la cruz están en la misma moneda. Tarde o temprano, las crisis se acaban, al menos en el fútbol.

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