LA QUILLA

BERNI RODRÍGUEZ

Tenía un compañero joven en uno de mis últimos años como jugador que tras un entreno vi que se quedaba preocupado y muy azorado. Me acerqué y le pregunté qué le ocurría, ya que percibí que estaba realmente hundido. Su problema era que se sentía poco protagonista en el juego y que él quería aportar más, ser más importante, especialmente (y 'curiosamente') en las cosas que suelen llamar más la atención: puntos, tener más tiempo el balón en las manos, acaparar más veces los flashes... En resumidas cuentas, quería destacar más y tener más atención mediática.

Sobre todo esto le intenté explicar ese rollo de los roles y de la importancia de todos en el equipo pero, viendo que no calaba en él, probé con una analogía. Le dije que en una obra sólo puede haber un arquitecto, como mucho dos, y que el resto somos todos peones de albañilería. A currar sin parar en las cosas más feas y metidos en el barro. «Así funciona esto», le comentaba.

Notando que mi símil no le estaba gustando, lo intenté de otra manera, buscando algo más actual. «Mira -le dije-, en Fórmula 1 sólo hay uno que pueda llevar el coche. Sólo hay un Fernando Alonso, sólo él saldrá en la tele, mientras el resto, como mucho, estaremos preparados para ponerle el coche a punto en 5,6 segundos, cosa fundamental para que llegue lo mejor y más rápidamente posible a la meta. ¿Has visto al tipo que lleva la manguera para echar la gasolina?» «Sí, sí», me decía ahora con otra cara y más emocionado con la idea de ser ese. «Pues, mira, ese tampoco eres tú. Tú eres el que ayuda al que pone la manguera».

Mi ocurrencia causó la risa en los compañeros que escuchaban la conversación y a partir de ese día, y para el resto de la temporada, pusimos de foto de perfil en el chat de grupo del equipo la imagen del que ayuda al de la manguera.

Aun así, y viendo su expresión, claramente tampoco esto le convencía, así que lo intenté de otra manera aunque ya se me acababan las metáforas. «Mira, Pierre (era Pierre Oriola), estamos en un barco y tú eres la quilla. Tienes un trabajo feo y que no se ve. Es un trabajo duro, pero es esencial. Si no funcionas, perdemos el rumbo y nos vamos a pique. Eres la clave de todo aunque no todo el mundo lo aprecie. Pero, no te preocupes, que los que entienden de esto lo saben y lo valoran. Sigue manteniendo la dirección, que tanto a ti como a nosotros nos irá bien. Confía en mi».

Todo esto le gustó más. Desde ese momento siempre quiso ser la quilla.

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