EL PREMIO

José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

E l sorteo de la Copa del Rey es distinto a todos los demás. Lo que habitualmente llamamos mala suerte aquí se transforma en una inmensa fortuna. Los clubes más humildes desean enfrentarse a los más poderosos y hacer caja al menos una vez al año. Ayer tocó la lotería en Fuenlabrada, Elche y Murcia. Viene a ser como el premio gordo de los perdedores. La oportunidad que permite a unos modestos jugadores de Segunda B convertirse en héroes. Ayer fueron felices al conocer la suerte que les deparó el sorteo y hoy han comenzado a preparar el partido dentro de sus cabezas. En cualquier caso, sea cual sea el resultado, el hecho de recibir la visita de cualquiera de los mejores clubes del mundo será una fiesta y un regalo económico. Esto nunca pasa en la Champions, al contrario. Los grandes clubes europeos prefieren sortear en las primeras rondas a los rivales más fuertes y esperar a cruzarse con ellos cuando se aproxima el final.

Lástima que en estas eliminatorias de la Copa del Rey haya partido de vuelta. Lo más espectacular sería que la clasificación para la siguiente ronda se jugara a partido único en los campos de los equipos menores. Los pequeños estadios que crecen y se multiplican para albergar el máximo número de espectadores que, hasta el día del partido, sueñan con ser testigos de un milagro. Nadie olvida el 'alcorconazo', ni aquella eliminatoria del Numancia de Segunda B contra el Barça de Cruyff que empataron a dos en Los Pajaritos. La ilusión es capaz de derrotar a cualquier equipo por imponente que sea. Además, un mal día lo tiene cualquiera. Por eso habría de celebrarse esta eliminatoria a un solo partido, porque los milagros no suelen repetirse dos veces seguidas, y menos en territorio hostil.

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