El campeón diferente

Mir, con un cartel que lo reconoce como campeón del mundo. :: motogp/
Mir, con un cartel que lo reconoce como campeón del mundo. :: motogp

Iba para 'skater' o 'surfer' hasta que las minimotos se cruzaron en el camino de Joan Mir y lo acercaron a los circuitos, donde siempre lo han visto como un alumno ejemplar

J. M. CORTIZAS

Ayer, cuando se percató de que la carrera había sido detenida por la lluvia a siete giros del final y él había cruzado primero por la última pasada por meta, no pensó en sí mismo. Era ya campeón del mundo, pero su recuerdo fue proyectado al cielo en busca de Luis Salom. Le honra reconocer que no era íntimo de su malogrado paisano, pero se había prometido que en ese íntimo instante de emoción el homenaje, la dedicatoria, tenían destinatario. Luego se entregó a la algarabía, a recibir una bandera española de las que se izan en el podio -el amigo que la suele llevar siempre la olvido en esta ocasión- y pasearla por Phillip Island ya como número 1. Joan Mir se había convertido en el decimonoveno piloto español que cincela su nombre en la peana de un título planetario en el Mundial de Velocidad.

Nació el primer día de septiembre de 1997, un día después de la trágica muerte de Lady Di que colapsó el mundo. Su historia no es la del hijo de un mecánico o loco de las motos que viene ya tocado de serie y condenado a oler a aceite y gasolina desde infante. En casa mamó el patinaje en línea, las tablas de skate y surf. La culpa, de un negocio familiar en Palma de Mallorca, 'Roll and Roll', una de las mejores tiendas especializadas en ese tipo de actividades. Su primera atracción casi lo llevó antes a las motos de agua que a las minimotos en las que se acabó embarcando. Recibió sus primeras lecciones en la escuela que Chicho Lorenzo (padre de Jorge) gestiona en la isla balear, pero no hubo química. Sus padres, separados con los que alterna la convivencia, decidieron darle luz verde para que se formara en Valencia y allí la cosa cambió.

Cuando no tenía carreras cumplía con su promesa de no dejar los estudios. Lo facilitó todo una beca del Gobierno balear para favorecerse del trabajo en el EBE, centro de alto rendimiento en su isla. Desde que empezó quiso ser identificado con el 36 que llevó en su día Joan Perelló, primo carnal de su padre, que contabilizó 21 carreras en el Mundial de 125 cc en los cursos 2010 y 2011. Es el único vínculo reconocible con el entorno de la velocidad.

Llegó al Mundial de Moto3 en 2015 sustituyendo a Ono en el equipo Leopard Racing, en el que coincidió con Efrén Vázquez. Su crecimiento ha sido imparable y en este 2017 ha roto los moldes. Nueve victorias, todas las carreras puntuadas salvo Japón. Un campeón diferente.

Fotos

Vídeos