Ferrari se cae de la foto

Hamilton celebra su victoria en Suzuka. :: afp

Una avería de Vettel en las primeras vueltas deja al británico con ventaja como para ganar el título ya en la siguiente carrera

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Ni en sus mejores sueños Lewis Hamilton pensaba que iba a tener tanta suerte como para que Sebastian Vettel abandonase y él ganara... pero así pasó. No tuvo ni siquiera que esperar mucho o al menos luchar con el alemán, sino que fue la propia mecánica del Ferrari quien se alió con el tricampeón de Mercedes, que ya huele el tetracampeonato.

Concretamente fue una bujía la que destrozó las opciones de Vettel. El alemán ya vio cómo, antes siquiera de tomar la salida, sus mecánicos se afanaban a intentar encontrar un problema en que hacía subir mucho la temperatura. La imagen del SF-17H con la tapa motor abierta fue el preludio de un drama al que Ferrari empieza a acostumbrarse en este final de temporada. La fiabilidad le va a costar a Vettel su quinto título, no porque Hamilton le haya llevado al límite, sino porque las últimas evoluciones llevadas para la ronda asiática les han salido 'rana'. En este caso, una pieza que apenas cuesta 10 dólares le obligó a abandonar cuando ni siquiera había dado diez vueltas. Fue una bujía.

Y eso que la mitad de esas vueltas que dio fueron detrás del coche de seguridad. Lo provocó Carlos Sainz, que tuvo una despedida mucho más amarga de lo que hubiera deseado de los que han sido sus compañeros en los últimos tres años. El madrileño partía penúltimo, al lado de Fernando Alonso, y tal era su ímpetu de intentar hacerlo bien, que se pasó en la enlazada larga antes del túnel. La cara de desesperación que tenía Sainz era notable, y todas las disculpas que dirigió hacia sus mecánicos e ingenieros le salieron con un nudo en la garganta.

Las banderas azules de Alonso

En cuanto abandonó Vettel, la carrera se volvió monótona, al menos en la cabeza. Por detrás, en cambio, hubo refriegas por todas partes. Entre las imágenes que dejó este Gran Premio, la de Ericsson estrellándose, la de Stroll pinchando y librando un accidente por muy poco, o la de Nico Hülkenberg abandonando, después de que su DRS se quedase atascado y cuyos intentos, por las bravas, de un mecánico de arreglarlo resultaron infructuosos.

Valtteri Bottas ejerció de escudero de Hamilton a la perfección. Cuando llegaron los momentos de las paradas en boxes, el finlandés no dudó en dejarse pasar por su jefe de filas para convertirse en un muro con el que frenar a los Red Bull. Fue el primer intento de los únicos candidatos a romper el dominio de Hamilton, que sin embargo acabó sudando más de lo previsto.

Al final de la prueba todo se precipitó. Lewis Hamilton empezó a aflojar el ritmo para evitar una rotura, un pinchazo o incidente, hasta el punto de que Max Verstappen se colocó a su rueda a falta de poco más de cinco giros. En ese momento, los doblados entraron en acción y en este momento Fernando Alonso se encuentra en ese saco. El asturiano estaba intentando cazar a un Felipe Massa con los neumáticos destrozados, y un tanto nervioso por ver que le estaba alcanzando el que fuera su compañero en Ferrari. En esas estaban cuando aparecieron las banderas azules.

Massa y Alonso se convirtieron en socios involuntarios de Hamilton. El de Mercedes pasó al de Williams y al de McLaren sin demasiado problema, pero no así Verstappen, que se quedó atrapado detrás del español. Los comisarios consideraron que Alonso había estorbado, sin intención, al de Red Bull lo justo para impedir que diera caza a Hamilton y, tras una concienzuda investigación, le sancionaron. El castigo no fue demasiado serio: una reprimenda y dos puntos en el carnet de la superlicencia.

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