Diario Sur

Barberá y el premio de ser piloto oficial... por un día

El piloto de Ducati Héctor Barberá, durante la clasificación del Gran Premio de Alemania en el circuito de Sachsenring, el 16 de julio. :: AFP
El piloto de Ducati Héctor Barberá, durante la clasificación del Gran Premio de Alemania en el circuito de Sachsenring, el 16 de julio. :: AFP
  • Márquez afronta en el Gran Premio de Japón una improbable 'bola de campeonato', ya que el catalán depende de Rossi y Lorenzo

«Nada, esta noche no he dormido», confesaba sonriente en el circuito de Motegi Héctor Barberá, que el mismo miércoles, nada más aterrizar en Tokio, conoció la noticia de que el equipo oficial de Ducati había decidido dar marcha atrás a su decisión inicial de no sustituir al lesionado Andrea Iannone poniendo su segunda moto de fábrica en manos del valenciano. Un premio a una temporada en la que ha dejado su sello en varias carreras y por la que podrá plantarse en la parrilla del domingo del Gran Premio de Japón con las mejores opciones en las más de cien pruebas que lleva disputadas en la clase reina.

«Es increíble la noticia, es como un sueño. Desde pequeño piensas que quieres llegar. Aunque soy consciente de que vengo para una sustitución, que no es mi sitio ni donde me voy a quedar, confío mucho en mí, en hacerlo y trabajar bien y en afrontar un fin de semana lo más positivo posible», aseguraba Barberá. Un regalo que le obligará a trabajar y adaptarse en el menor tiempo posible a una evolución de la moto con la que normalmente compite, la versión de Ducati de 2014, que los pilotos de fábrica rechazaron en su momento y con la que Avintia Racing disputa este Mundial 2016. En Motegi la escudería española sustituirá a su número uno con el australiano Mike Jones, pupilo de Troy Bayliss y un piloto inédito en el campeonato.

«Es un paso superior, corre y acelera más, gira mejor y supongo que la electrónica también será mejor. Es el paso que le falta a nuestra moto para estar ahí, pero es complicado hablar de la moto sin haberla probado», explicaba con cierta cautela Barberá, que a modo de broma desvelaba que, la semana previa a Japón, en un chat con los amigos con los que entrena con la bicicleta de carretera, había contado un sueño en el que subía al podio en Motegi en condiciones de seco, algo que casi sólo está al alcance de los pilotos de fábrica. En concreto, este fin de semana, de nuevo con un amplio rango de candidatos.

Dominio de Yamaha

El circuito de Honda -aunque últimamente su MotoGP no sea tan decisiva en este tipo de trazados de frenada y aceleración-, es donde en los últimos años ha dominado Yamaha -pese a la victoria de Dani Pedrosa en 2015 en condiciones mixtas de mojado a seco-, donde Ducati ha ganado con Casey Stoner y con Loris Capirossi y al que Maverick Viñales y Suzuki llegan en su mejor momento, alentados también por las bajas temperaturas que suelen ayudar al rendimiento de la moto japonesa. «Mejor así que con tanto calor, porque cuando el circuito pierde agarre, nos cuesta más», analizaba Viñales, ganador en Silverstone con condiciones parecidas a las que se esperan en Motegi y que no escondió su optimismo con lo que pueda suceder en un fin de semana al que Marc Márquez llega con la primera posibilidad de convertirse por tercera vez en campeón del mundo de MotoGP.

«Al ciento por ciento no, pero al noventa y nueve, sí», apuntaba sobre su seguridad de que no saldrá con el título cerrado de Motegi. Y es que tendría que ganar la carrera, que Valentino Rossi fuese decimoquinto o peor y que Jorge Lorenzo no subiese al podio. «Aunque no os lo creáis, no se me pasa por la cabeza que aquí pueda ser campeón. En Japón tenemos que estar con la mentalidad de construir ese título y eso quiere decir sumar puntos», destacaba Márquez.