Diario Sur

Las cinco claves que explican la dictadura de Mercedes

  • La consecución del tercer título consecutivo de la escudería alemana prolonga el dominio que mantiene sobre la Fórmula 1

Por tercer año consecutivo, la escudería Mercedes irá a la gala de la Federación de Automovilismo Internacional (FIA) de noviembre para recoger el premio que le acredita como campeones del mundo de constructores. El dominio casi absoluto de la temporada 2016 (sólo Red Bull ha podido con ellos en dos ocasiones: España y Malasia) ha evitado que cuajen el año perfecto, si bien son dos fallos que aceptan sin mayores problemas y con la satisfacción que supone el trabajo bien hecho.

Desde Ferrari o Red Bull (no digamos ya McLaren) se han mostrado incapaces de llegar al nivel de perfección lograda en la escuadra alemana con sede en Brackley (Gran Bretaña). Ni siquiera la guerra interna que tienen Rosberg y Hamilton ha abierto una brecha suficiente en el equipo alemán. Mercedes sigue reinando y hay cinco claves que explican por qué nadie es capaz de derrocarles.

1. Un coche perfecto

Es una obviedad, pero sin la creación de un monoplaza perfecto según las normas que actualmente rigen la Fórmula 1, y que cambiarán en 2017, no habrían conseguido los éxitos de los últimos tres años. El dominio sobre la era híbrida de la Fórmula 1 se ha consagrado mediante tres monoplazas que aunaban una unidad de potencia muy superior al resto, tanto en fiabilidad como en velocidad pura, con un chasis ideal para sus características.

2. Una pareja en la cumbre

Rosberg y Hamilton han llevado al límite sus capacidades como pilotos en este trienio. El alemán parte con ventaja en la recta final de este 2016 para suceder a su compañero como campeón del mundo de Fórmula 1, pero el británico promete batalla hasta el último momento. Desde el punto de vista de la escudería es irrelevante quién se lleve el gato al agua: por tercer año seguido, será campeón uno de los suyos.

3. Caos en el resto

Si quien tiene que perseguir a Mercedes se tropieza una y otra vez para los alemanes es más fácil escaparse. Ni Red Bull ni Ferrari han mantenido una línea constante, mientras que desde la escudería germana no han dejado de apretar desde la primera carrera. En la de las bebidas energéticas, la llegada de Verstappen coincidió con la mejoría del monoplaza, pero en el caso de los italianos es mucho peor: de ser el segundo coche de la parrilla han pasado a ser el tercero y, en según qué carreras, el cuarto. Sebastian Vettel se ha visto superado por un Kimi Räikkönen de dulce, y es más noticia por sus enfados que por sus buenas carreras.

4. Una gestión a la altura

Conseguir que dos lobos como Nico Rosberg y Lewis Hamilton no se muerdan en el cuello es una labor que ni el mejor Félix Rodríguez de la Fuente conseguiría. Sin embargo, Toto Wolff y Niki Lauda, cabezas visibles de Mercedes, han logrado apagar los incendios que la rivalidad (y en algunos casos, enemistad abierta) entre sus dos pilotos ha causado. No es una labor fácil frenar los rumores de conspiración, de lo que abiertamente acusó Hamilton, o mantener concentrado a un Rosberg que en años anteriores había mostrado una notable fragilidad mental.

5. Recursos ilimitados

La Fórmula 1 la domina quien mejor gestiona sus recursos, y cuantos más recursos, más margen. Dicho de otro modo: desde la sede del gigante automovilístico en Stuttgart son conscientes de que el 'Gran Circo' también es un gran laboratorio donde confluyen los proyectos que luego trasladan a los coches de calle. Los éxitos de la escudería, además, les ha ayudado a quitarse de encima el tamiz de marca 'vieja' y han acercado a un público mucho más joven a sus concesionarios. Ganar en Fórmula 1 también les ha hecho ganar dinero, lo que a su vez ha repercutido en la fábrica de Brackley.