MOCIÓN DE CENSURA

José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Cuando un club de fútbol padece una profunda crisis no suele despedirse al presidente sino al entrenador, aunque no tenga ninguna culpa del mal funcionamiento del equipo. Los clubes son de las pocas empresas financieras que no echan a los trabajadores de la plantilla salvo que acaben contrato o el presidente los venda para llenar las arcas del club. Para determinados presidentes, un club de fútbol significa un escaparate y también un negocio. Para otros, la presidencia es un puesto cargado de ilusiones propias y ajenas. Yo me quedo con estos últimos, los que no juegan con el cargo, los que no buscan saciar sus propios caprichos e intereses. Hay ocasiones en las que se pone en tela de juicio la labor de los presidentes y acaban teniendo que abandonar el cargo. Esto puede suceder en el Barcelona con la moción de censura que pretende celebrar Agustí Benedito. Los socios serán quienes decidan. Sin embargo, la moción de censura del público y los medios de información no parece afectar al presidente del Málaga. Lo peor de todo es cuando un club se convierte en patrimonio de alguien que sólo se escucha a sí mismo.

No tiene que ser agradable vivir a expensas de la voluntad de un presidente cuyas decisiones no se comparten en absoluto. Los socios están hartos de ver cómo se marchan jugadores imprescindibles que brillan en otros equipos. El negocio es el negocio, pero los que acuden al estadio desean tener, de una vez por todas, una alineación que puedan recitar de memoria. No crear ídolos y perderlos la temporada siguiente. La esperanza es la voz de los socios que siguen asistiendo a La Rosaleda para animar al equipo y pedir la dimisión de quien no comparte sus valores y vende las ilusiones.

Fotos

Vídeos