El sueño compartido de Regino Hernández y Javier Fernández

Javier Fernández y el malagueño Regino Hernández, cogen en brazos a Sonia Lafuente durante los Juegos de Vancouver 2010/Sonia Lafuente
Javier Fernández y el malagueño Regino Hernández, cogen en brazos a Sonia Lafuente durante los Juegos de Vancouver 2010 / Sonia Lafuente

Ambos son amigos, debutaron en Vancouver 2010 y logran el bronce en Pyeongchang

MARINA RIVASMÁLAGA

Uno no tenía ni un pelo en la barba y al otro le pesaban sus rizos. Si les hubieran dicho que, ocho años después, se reencontrarían con un aspecto totalmente diferente, les hubiera costado creérselo. La historia del ‘rider’ malagueño, Regino Hernández y el patinador madrileño Javier Fernández comenzó, exactamente, hace dos ciclos olímpicos, en 2010. Hasta la ciudad portuaria de Vancouver, al oeste de Canadá, se desplazó una extensa expedición española, con hasta 18 deportistas (10 hombres y 8 mujeres), entre ellos, siendo además los más jóvenes: Fernández (18 años) y Hernández (todavía con 17). Estos serían sus primeros Juegos de Invierno.

Theresa Zabell

«Como aquel que dice, soy un ‘niñato’, no terminas de darte cuenta de la gran importancia que tiene acudir a unos Juegos Olímpicos, es algo que repercute en tu carrera para toda tu vida», comentaba, por aquel entonces un joven snowboarder mijeño en su primera entrevista a SUR. Inexperto, con algo de timidez, pero al que ya se le intuían ciertos rasgos de su actual personalidad más descarada. «A mí me quedan como cinco Juegos por lo menos, si Dios quiere. Es algo que día a día voy pensando, pero que no me entra en la cabeza porque es como demasiado grande. Se me hace como grande», aseguraba en 2010. Un Regino que ya bromeaba con conseguir una medalla y que, dos Juegos después, por fin la ha conseguido. Y no sólo él, sino que esta vez ha hecho historia, en Pyeongchang, junto al que ahora se consagra como el patinador más laureado de la historia de España.

Fernández y Hernández comenzaron juntos su andadura olímpica, al cumplir el sueño de debutar en la misma cita, igual que también lo hizo su compañera de generación, amiga de la infancia del madrileño, la patinadora Sonia Lafuente. Al tratarse de los más jóvenes del equipo, el trío congenió desde su llegada a la Villa Olímpica, donde además, sus habitaciones se localizaban en el mismo pasillo. Todos sufrían los mismos nervios y todos empezaron a compartir sus caídas y sus éxitos. Aunque esta primera experiencia no saciara las expectativas de ninguno. Y es que, mientras que el ‘rider’ caía a la 31º plaza en la primera fase de clasificación, el patinador sólo pudo aspirar a un 14º puesto (con 206.68 puntos) en el programa libre y su compañera de hielo, un 22º lugar.

Volvieron a coincidir, cuatro años después, en Sochi (2014), pero ni el malagueño (esta vez 21º, en cuartos) ni el de la capital (diploma olímpico, 4º) volvieron a correr suerte cara al podio, pese a mejorar resultados. La misma historia, hasta hace sólo unas horas. Antes de los terceros Juegos de ambos, Fernández comentó en Efe: «Puede caer alguna medalla en snowboard. Ojalá les vaya bien a Lucas y Regino y podamos celebrarlo todos juntos». Una predicción fortuita tras la que también aseguró: «Me gustaría volver a ver a Regino. He visto que ha cambiado muchísimo (reía), ya no es el mismo niño, aunque yo tampoco lo soy. Después de Vancouver nos seguimos comunicando, pero casi no nos hemos visto». Poco después de aquello, el mijeño lograría hacerse con un histórico primer bronce en snowboard que Fernández festejó por ser su compañero de equipo y también por su relación de amistad. Quién iba a decirle que, además, escasos dos días después, sería él el que corriera la misma suerte.

Su primer bronce olímpico, la única medalla que le faltaba a su abarrotado palmarés internacional y que, esta vez Regino, celebraba así: «Era muy de esperar, este año ya no se le podía escapar, porque era favorito a medalla junto a los otros dos japoneses, y sabía que tenía que hacer lo que había entrenado. Estaba claro que esta vez iba a conseguir la medalla, se la tenía más que merecida, me he alegrado muchísimo por él», declaró ayer para SUR.

Sin embargo, lamentablemente para ambos, sus horarios de entrenamientos y competiciones, unidos a la distancia que separaban sus instalaciones, les han jugado una mala pasada. «No he podido encontrarme con él estos días, estábamos los dos concentrados en lo nuestro… A ver si pudiera verlo cuando volvamos a España, que volvemos además en vuelos diferentes», se sinceró el costasoleño. Todo ello mientras cogía el tren desde el que se despedía de Pyeonchang, antes de coger el avión a Madrid, donde llega este mediodía, con su sueño colgado del cuello.

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