La malagueña María Torres apunta alto en el kárate

Su padre es Eugenio Torres, cinco veces campeón de Europa de ‘kumite’ y su entrenador /Fernando González
Su padre es Eugenio Torres, cinco veces campeón de Europa de ‘kumite’ y su entrenador / Fernando González

La karateca de 20 años se centra en su sueño de llegar a Tokio 2020 cuando acaba de ganar la Copa de España absoluta

Enrique Miranda
ENRIQUE MIRANDAMálaga

María Torres recuerda que con apenas tres años ya estaba haciendo sus primeros pinitos en el kárate. Bromea con que casi no tuvo elección a la hora de subirse al tatami, ya que era un deporte muy presente en su casa. Su padre es Eugenio Torres, cinco veces campeón de Europa de ‘kumite’ y su actual entrenador. Al principio, como es lógico, era un juego, una diversión para una niña inquieta. Pero poco a poco, casi sin darse cuenta, fue aprendiendo los conceptos de este arte marcial milenario. «Cuando mis padres empezaron a darse cuenta de que prefería ir a entrenar que acudir a los cumpleaños de otros niños, de que disfrutaba mucho con el kárate, empezamos a competir y a obtener buenos resultados. Entonces nos planteamos dedicarnos un poco más en serio», relata esta deportista malagueña.

Torres ya tiene 20 años y una amplia experiencia como karateca de primer nivel. Su evolución y los resultados han confirmado las buenas expectativas que había en torno a ellas en categorías inferiores. Ahora afronta el salto a la categoría sénior y apunta alto: quiere lograr el sueño deestar en unos Juegos Olímpicos, en su caso los de Tokio 2020.

La malagueña ha ganado este mes la Copa de España en Santa Cruz de la Palma y ha ascendido hasta el número tres del ‘ranking’ mundial sub-21. En octubre logró en Tenerife la medalla de bronce en el campeonato del mundo sub-21 en su categoría (’kumite’ +68 kilos) y ayer, en Santiago de Compostela, ganó el campeonato de España sub-21. «Estoy muy contenta porque era la primera vez que participaba en la Copa de España, que se organiza cada dos años. Había mucho nivel en la competición, me encontré con compañeras de la selección nacional y al ser un torneo ‘open’, sin distinción de pesos, tenía un punto de dificultad más», afirma.

Torres quiere ir enfocándose más a las competiciones internacionales, cara a pelear por una plaza en los Juegos. «A nivel internacional, la categoría sub-21 es bastante dura, porque es el paso previo a sénior. Haber logrado medallas a nivel europeo y mundial en esta categoría me ayuda a tener confianza en mis posibilidades en sénior», asegura. La clasificación para Tokio 2020 empieza el próximo año y toda su preparación está enfocada a este objetivo.

El salto olímpico tratará de darlo desde Málaga, ciudad a la que ha vuelto tras dos años de estudios y entrenamientos en la residencia Blume y el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. «Sigo estudiando Ciencias de la Actividad Física y el Deporte pero, ahora en Málaga. Decidí regresar a mi ciudad y el cambio ha sido bueno. Aquí lo tengo todo y al tener a mi padre como entrenador tengo muchas más facilidades de horario. Además como él no me conoce nadie y la mejora es muy notable», destaca. «Mi experiencia en la Blume fue buena, conviví con mucha gente de otros deportes, pero también es duro, te dedicas por y para el kárate sin obtener casi recursos económicos, por no decir ninguno, más allá de los patrocinadores que te puedas buscar. Es muy complicado estar fuera de casa», explica.

Enrique Miranda

Como la mayor parte de los deportistas de élite, ha tenido que renunciar a muchas cosas propias de su juventud: «Ves que tus amigas se van de viaje o salen de fiesta y tú no puedes hacerlo porque tienes competición... A veces es duro, pero como lo haces por algo que realmente te gusta, al final cuesta menos».

María es ambiciosa, pero tiene los pies en el suelo. Sabe que es extremadamente difícil vivir del kárate y ya tiene en mente su ‘plan B’: quiere ser policía. «Tengo en mente hacer las oposiciones cuando termine la carrera. Yo compito y entreno al máximo, pero no puedo desarrollar una carrera profesional en este deporte. Sin la ayuda de mis padres o si algunas colaboraciones económicas, como la del Colegio Atabal, no podría seguir compitiendo», reconoce la karateca.

Pero el uniforme policial tendrá que esperar, ya que no piensa colgar el kimono de kárate por ahora. Su segunda casa en el gimnasio El Atabal, donde pasa gran parte de su tiempo junto a su padre. «Sé que estar en los Juegos es dificilísimo, sólo se clasifican ocho personas de todo el mundo... Pero mientras exista la posibilidad, seguiremos trabajando por ello», sentencia.

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