Los Hispanos derrotan a Alemania y se medirán contra Francia en semifinales

EUSEBIO PASTOR MADRID.

Cinco minutos mágicos, cinco minutos en los que el muro defensivo español fue una entelequia irresoluble para el cuadriculado ataque germano. 300 segundos en los que España robó tres balones pese a defender con uno menos y marcó a puerta vacía. Un mágico inicio de la segunda mitad que decidió un partido en el que los Hispanos tomaron camino directo hacia las semifinales. Espera Francia el viernes. Lo que venga será un premio. Tras la derrota ante Eslovenia todo pintaba mal, pero este equipo ha sabido sobreponerse a las adversidades y, olvidándose de rotaciones y repartos equitativos de minutos, jugar con una seguridad pasmosa el partido más trascendental.

27 ALEMANIA

31 ESPAÑA

Alemania
Wolff, Groetzki (2), Weinhold (-), Weber (4), Kuhn (4), Gensheimer (2, 1p) y Wiencek (2) -equipo inicial-, Heinevetter (ps), Lemke (-), Reichmann (4), Pekeler (2), Fath (-), Hafner (5), Janke (-), Dahmke (-) y Kohlbacher (2).
España
Pérez de Vargas, Solé (5p), Gurbindo (4), Gedeón Guardiola (-), Morros (-), Cañellas (-) y Valero Rivera (-) -equipo inicial-, Corrales (ps), Balaguer (6), Álex Dujshebaev (5), Raúl Entrerríos (4), Sarmiento (2), Goñi (-), Ariño (1), Aginagalde (4) y Figueras (-).
Marcador cada cinco minutos
1-1, 5-3, 6-7, 8-8, 10-12 y 13-14 (descanso); 15-16, 15-18, 15-23, 19-26, 23-29 y 27-31 (final).
Árbitro
Pichon y Reveret (Francia). Excluyeron por dos minutos a Gensheimer y Weinhold y a Gurbindo por España.
Incidencias
Varazdin Arena, ante 1.300 espectadores.

De la importancia del partido fueron buen botón de muestra los primeros minutos, con dos equipos temblones en ataque y fiándolo todo a la fortaleza defensiva. Sin apenas lanzamiento, la opción más clara eran los extremos o el juego con el pivote, pero encontrar el hueco por el que dar el pase a Aginagalde o Figueras entre tipos de más de dos metros con brazos largos como una anaconda no es tarea fácil. La llave más eficaz es la de la velocidad en el movimiento del balón, para forzar los desequilibrios entre los defensores, que al ser tan grandes tienen más problemas con los desplazamientos laterales. Y durante un buen rato a España le funcionó, lo que le permitió hacer la goma con los alemanes..

En ese momento Ribera varió la defensa a 5-1, Rodrigo Corrales paró tres seguidas incluido un siete metros y España empezó a tomar conciencia de que los alemanes no estaban cómodos. España ya tenía el partido donde quería, así que en la segunda mitad del segundo acto se dedicó a conservar con mimo la renta adquirida. Los alemanes, desesperados, lo fiaron todo al correcalles, al intercambio de goles, a porfiar para que España cometiera errores y limar la ventaja. Su problema fue que buscaron las defensas profundas, asumieron el riesgo de que los jugones hispanos camparan a sus anchas. Y lo pagaron claro.

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