La felicidad estaba bajo los palos

Virginia Fernández, en el pabellón de Carranque donde juega el Rincón Fertilidad. /Álvaro Cabrera
Virginia Fernández, en el pabellón de Carranque donde juega el Rincón Fertilidad. / Álvaro Cabrera

Virginia Fernández dejó el balonmano cuatro años y ha vuelto a lo grande

FERNANDO MORGADO

Virginia Fernández (Málaga, 1989) es feliz en la portería. «Estamos hechas la una para la otra. Es uno de mis amores, junto a mi perra», confiesa. Cuando en 2011 tuvo que centrarse en su trabajo al frente de un restaurante y dejar el deporte, sabía que su pasión era demasiado fuerte como para estar jugando a dos bandas.

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«Desaparecí del mapa completamente. El balonmano era una parte importante de mi vida, pero me conozco bien y si pisaba el pabellón o me acercaba a un entrenamiento, volvería». Y así fue. Cuatro años después, cruzó de nuevo las puertas de la Ciudad Deportiva de Carranque y habló con el que había sido su entrenador durante tanto tiempo, Diego Carrasco. «Lo llamé y le dije que lo necesitaba. Él dudó y me preguntó si se lo decía en serio. Seguro que le hizo ilusión mi regreso», recuerda Fernández, que considera a Carrasco algo más que un técnico. Para ella es una figura paterna y un amigo.

La portera fue clave en la clasificación del Rincón Fertilidad para su primera Copa de la Reina y ahora parte como titular en el debut en Europa

Durante los cuatro años que pasó desvinculada del club de sus amores, la jugadora se refugió en su trabajo. «También tuve tiempo de disfrutar de cosas que no te permite el deporte, como los fines de semana libres o esas horas del día que ocupas con los entrenamientos», asegura. Pero ni siquiera eso compensaba estar lejos de la cancha. Un quiste en el menisco retrasó algo más su vuelta a la portería, pues la pérdida de musculatura había empeorado la lesión que sufría. En octubre de 2014 regresó a los entrenamientos y en enero de 2015 lo hacía en un partido oficial ante León. «Me salió muy bien. Me sorprendió mi nivel después de todo ese tiempo fuera», apunta.

«Cuando lo dejé, desaparecí del mapa para no tener la tentación de volver»

Virginia ha vuelto al Rincón Fertilidad para vivir la mejor etapa en la historia del club. Y no es que simplemente haya estado en el momento justo en el lugar adecuado, sino que puede decir que es una de las grandes responsables de las hazañas conseguidas en las dos últimas temporadas, entre las que destacan la primera participación en la Copa de la Reina, en 2016, y en Europa, este año. Pero su humildad le impide otorgarse cualquier mérito. Al recordar el memorable partido que hizo ante el Aula Valladolid y que dio la clasificación para la Copa, Fernández se quita importancia. «Lo pude hacer yo o cualquier otra. Es un papel que espero tener siempre, pero no puedes vivir de un partido», comenta.

«Me gustaría ir con la selección absoluta; estar en ese vestuario es especial»

Es consciente del gran momento del club, y se obliga a recalcarlo en la entrevista porque también sabe la imagen que proyecta sobre la cancha. «Más de uno cree que estoy loca y no lo valoro, pero no es verdad. Esto para mí es un sueño. Estar en este equipo es algo que nunca pensé que me ocurriría», confiesa. Que los porteros de cualquier deporte tienen que tener un punto de excentricidad es algo que Virginia reconoce, incluso bromea con ello. Puede que su carácter nervioso y extrovertido la haya colocado donde está. «Con nueve años el balonmano era para mí solo una actividad extraescolar. Fue Almudena Cerrudo la que vio que no paraba quieta y me dijo que me quedara en la portería. Sin duda, una de las mejores decisiones de mi vida», recuerda Fernández, que comenzó en el equipo del Colegio Europa y cree que, de haber sido jugadora, habría «dado leña».

Sueños por cumplir

El pasado verano renovó con el club, del que no se plantea salir: «Me dolería tener que irme después de trece años para seguir haciendo lo que me gusta. Ni me lo planteo». En el vestuario es una de las veteranas y su papel a la hora de facilitar la adaptación a las que llegan es importante, aunque el tiempo del que dispone es limitado. Ahora espera poder dedicarle más esfuerzos al Costa del Sol, como le sigue llamando, tras encontrar la manera de compatibilizarlo mejor con su trabajo.

Dice estar «más centrada que nunca» física y mentalmente y, a pesar de que por superstición no quiera hablar de los sueños que le quedan por cumplir, no tarda en confesar que le gustaría recibir la llamada de la selección absoluta y compartir vestuario con el resto de ‘guerreras’.

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