Disciplina húngara para el waterpolo malagueño

Kubicskó en las instalaciones de Inacua /FRANCIS SILVA
Kubicskó en las instalaciones de Inacua / FRANCIS SILVA

Péter Kubicskó, técnico del primer equipo del Waterpolo Málaga, entró en el club para hacer amigos y al año siguiente se encontró dirigiendo al equipo alevín

FERNANDO MORGADOMálaga

Su corpachón se mueve rápido por las instalaciones de Inacua. No tiene un minuto que perder: sus jugadores acabarán pronto el entrenamiento ‘en seco’ y pasarán a la piscina, donde esperan sus instrucciones. Coge dos sillas de un puñado, como si fuesen de papel, las coloca en el pasillo y se sienta para comenzar la entrevista. Tienen que pasar varios minutos de charla para detectar su acento húngaro entre el discurso. Kubicskó maneja un español perfecto. Su adaptación, después de diez años, es total. «Si me preguntas en 2008 qué echaba de menos de mi país, habrías podido llenar 50 páginas del periódico. Ahora, a las dos semanas de estar en Hungría ya echo de menos mi casa».

Péter Kubicskó entrena al primer equipo del Waterpolo Málaga y vive con su mujer en Arroyo de la Miel. Ambos llegaron para establecerse en Nerja en 2007, obligados por la enfermedad hereditaria que ella padece. En esos momentos, Kubicskó encontró una forma de adaptarse con más rapidez a su nueva ciudad en el deporte que lleva practicando desde los seis años. «De repente tenía 15 amigos nuevos», recuerda. Se formó como portero hasta la categoría juvenil en las filas del KSI, uno de los clubes con sede en Budapest de la primera división del waterpolo húngaro, posiblemente el mejor del mundo. Kubicskó lo cuenta con orgullo: «La selección ha ganado nueve veces el oro en los Juegos Olímpicos, tres en el Mundial y doce en el Europeo. De los colectivos, es el deporte estrella», apunta.

«El ascenso después de cuatro temporadas intentándolo fue una satisfacción enorme»

Aquí, con el Waterpolo Málaga, jugó hasta la temporada 2011-2012 y consiguió por el camino la Copa de Andalucía y el título de la Primera Andaluza. Durante años compaginó su faceta de jugador con la de entrenador, algo que le llegó por casualidad en 2008. «Un día, el entrenador de los alevines no podía ir con el equipo y me pidió que lo sustituyese. Me fui a Sevilla con los niños y ya me enganché al equipo técnico», explica. En febrero comenzará el curso para obtener el título de entrenador superior de waterpolo, después de conseguir el de auxiliar. Lo necesitará si sigue la progresión que lleva con el primer equipo del Waterpolo Málaga, que ahora dirige en su primera temporada en la Primera Nacional.

Recordando el ascenso, a Peter se le queda corto el vocabulario por primera vez. «Fue una gran alegría, un sentimiento de satisfacción enorme. Después de cuatro temporadas luchando tanto, superando tantos baches, como aquella vez que no ascendimos por un gol, fue... de puta madre». La semana pasada sus pupilos consiguieron la primera victoria de la temporada. Fue en casa, ante el Sevilla, y no pudo llegar en mejor momento, según Kubicskó. «Como agua en el desierto. En esta categoría hay un punto más de dificultad. En los dos primeros partidos vimos que ofrecíamos un juego competitivo, pero perdimos. Lo peor que te puede pasar como deportista es que te entren dudas. Eso machaca la confianza, y esta victoria nos ha hecho creer en el camino que llevamos», analiza.

«La victoria ante el Sevilla nos ha hecho creer en el camino que llevamos»

El húngaro demuestra una fe absoluta en sus jugadores, especialmente porque en las filas del primer equipo hay cuatro que comenzaron con él en las categorías inferiores: Álvaro Cruz, José Cotos, Jaime Godoy y Nadir Real. Y es que Kubicskó ha sido testigo y parte del crecimiento de la cantera malagueña en cantidad y calidad. «Cuando yo empecé en el club había siete niños y hoy hay 90», recuerda.

Ahora cuenta con una plantilla «muy completa». «Lo más importante es que cada jugador tiene competencia en el puesto y tienen que luchar por él en los entrenamientos. Individualmente son muy competitivos y tenemos que aprender a funcionar como equipo». La igualdad en la categoría es máxima y para Péter todos son rivales a batir. «El partido que hay que ganar siempre es el próximo, y no lo digo porque lo diga el ‘Cholo’ Simeone», asegura con una media sonrisa, la misma que pone cuando se le pregunta si le entran ganas de volver a la piscina. «A veces se echa de menos la adrenalina de la competición, pero siendo entrenador duermo igual de bien», confiesa el técnico, que suele aprovechar el parón de agosto para visitar a su familia en Budapest.

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