La otra cara de un exolímpico

Fernández posa en el estadio de atletismo Enrique López Cuenca de Nerja junto a la equipación que usó en los Juegos de Atenas. / Marina Rivas

El atleta nerjeño Álvaro Fernández explica cómo ha cambiado su vida desde Atenas 2004

MARINA RIVAS

¿Qué queda después de la élite? La vida de un deportista no es infinita; sin embargo, quizá a aquellos que han estado en lo más alto les cuesta más aceptar este hecho. No es fácil mirar atrás y verte en unas semifinales de unos Juegos Olímpicos y que, a día de hoy, te veas obligado a buscarte la vida. De trabajo en trabajo y sin dejar nunca de lado el sueño de ser monitor de atletismo. Así es actualmente la vida del nerjeño Álvaro Fernández.

El atleta del Club Nerja, uno de los más laureados de Málaga, trabaja en una fábrica de miel mientras intenta labrarse un futuro ligado a su deporte

Posee la décima mejor marca de la historia de España de los 1.500 metros lisos (3.32:88), una decena de internacionalidades junto a la selección española en diversas categorías y ha conseguido un lugar en el podio nacional en todas las competiciones desde su primera medalla, justo hace 20 años, cuando era cadete. Pero, por supuesto, si un hecho ha marcado su vida como atleta profesional, ese ha sido su paso por los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004. «Ahí mi corazón bombeaba más de la cuenta», rememora el nerjeño. Y explica: «Fue increíble pasar la eliminatoria, pero luego caí en semifinales. Los nervios, la carrera lenta... No pude estar a la altura de los mejores y por eso me quedé fuera», sentencia.

Su trayectoria

Nombre
Álvaro Fernádez Cerezo. 7 de abril de 1981, Nerja.
Plusmarca en 1.500
3:32.88, en Meeting Golden Van Dall (Bruselas, 2004).
Palmarés
Olímpico en Atenas 2004 (eliminado en semifinales), presente en un Decanation (París, 2009) y un Iberoamericano (San Fernando, 2010), una decena de veces internacional con la selección española en diversas categorías y podio nacional en todas las etapas desde cadete.

Aquel año le cambió la vida. De repente, entrenadores, clubes y patrocinadores se fijaban en él. Y, aunque nunca se decantó por abandonar el club donde creció y se forjó a manos de Carlos Salcedo, el Nerja Atletismo, sí que consiguió la ayuda de Adidas, que le ofreció hasta 18.000 euros anuales. A ello había que sumar las primas de alrededor de 15.000 euros que obtenía por lograr objetivos deportivos y los más de 20.000 euros que le aportaba el Ayuntamiento de su localidad, entre otras cosas. Era su mejor momento y, como uno de los grandes atletas del panorama nacional, podía vivir de ello.

Ayuda psicológica

Sin embargo, las dos operaciones a las que tuvo que someterse en 2005 (de rodilla) y en 2012 (del tendón de Aquiles), sumado al crecimiento de la competencia en su prueba, le hicieron pasar estragos dentro y fuera de la pista. «Hacia 2006 comencé a tener ansiedad porque quería recuperar el nivel de 2004. Tuve que tener ayuda psicológica. El alto nivel es muy duro, te presionas muchísimo y quieres cumplir con los objetivos por ti mismo, por las becas...», se sincera Fernández. Una ansiedad que no lo dejaba competir con libertad. Así lo recuerda: «Cuando sales a la pista, el nervio se convierte en un lastre. Uno quiere ser el mejor y eso se convierte en presión. Es como cargar una maleta con piedras y llevarla a cuestas».

Fernández, junto a El Guerrouj, en Atenas.
Fernández, junto a El Guerrouj, en Atenas. / Padial / José de Nerja

Aunque asegura que, a pesar de los malos momentos, recurrir al dopaje nunca fue una opción para él. «Mira que he tenido años malos, que me ganaban, pero nunca se me pasó por la cabeza. Hice mis años lo mejor que pude y aprendí a aceptar las derrotas. Este deporte me ha hecho saber ganar y perder... Y me acostumbré más a perder que a ganar, pero siempre limpio ante todo», responde. Pese a que ha visto incluso a sus compañeros verse involucrados en estos casos, su posición es firme: «Ante el dopaje, tolerancia cero. Para mí, todo el que se dopa no es deportista. El que lo haga, que lo pague», afirma.

A partir de 2012, Fernández dejó de recibir la mayor parte de sus ayudas, salvo las eventuales por parte de su club. Tuvo que reflexionar, aparcar por un tiempo su vida como atleta y darse cuenta de que necesitaba ingresar para vivir. «Ya somos grandes para saber que todo termina. Yo sabía que el atletismo, más tarde o más temprano, tenía que terminar», comenta. «Llevo cinco años bastante mal... intentando buscarme la vida. Me refugié en mi familia y tengo una mujer y dos hijas preciosas», señala. Y en cuanto al trabajo, explica: «He trabajado en el Decathlon de Guadalmar casi un año y ahora estoy en la fábrica de miel de Frigiliana. Me levanto a las 6.00 para estar allí a las 7.00 horas. Es duro, pero hay que trabajar. Tengo una familia y una hipoteca...», argumenta.

Su necesidad por centrarse en lo deportivo cuando estaba en lo más alto le hizo dejar de lado el aspecto académico en su momento. «Reconozco que fui un mal estudiante. Me saltaba las clases para ir a entrenarme y me arrepiento porque sí que se pueden compaginar los estudios con el deporte. Yo no tengo carrera ni tengo mi futuro labrado», recalca el nerjeño, que se lamenta por no haber estudiado en su momento. «En mi etapa en la Blume de Madrid (residencia del Consejo Superior de Deportes, donde estuvo becado 7 años), tuve la oportunidad de terminar Bachillerato y por centrarme en el deporte, pero lo dejé pasar».

Con el tiempo y por necesidad, decidió sacarse el título de monitor nacional de atletismo, en busca de cumplir uno de sus grandes sueños: entrenar a la cantera de su club. Una meta que le permitiría seguir ligado profesionalmente al deporte que ama y poder vivir de ello, desde otro punto de vista. Aunque, eso sí, de momento opta por asegurar el trabajo en la fábrica hasta que esto no se haga realidad.

Nuevos retos

Además, después de unos años alejado de las pistas, Fernández recuperó el afán por competir, hasta el punto de que el pasado año concluyó octavo de Europa de media maratón en categoría veteranos (tiene 36 años) y, poco a poco, se autoimpone metas, como el Campeonato de España (en el que estuvo hace poco), el Europeo (al que acudirá en el mes de agosto) o el Mundial de veteranos, que se celebrará en Málaga el año que viene y para el que espera no sólo poder clasificarse, sino también alcanzar un buen puesto. «Ahora tengo nuevos retos, muy importantes para mí. Volver a correr en mi tierra, en Málaga, en una competición así es un sueño», asegura. Además, lo haría en una fecha muy especial para él. «Si el año que viene voy al Mundial, cumpliré dos décadas vistiendo la camiseta de la selección», señala el mediofondista.

Haciendo balance de una trayectoria que, a día de hoy, todavía no ha terminado, Álvaro Fernández asegura que, a pesar de todo, sí le ha merecido la pena dedicar toda una vida a lo que más le gustaba hacer. «Este deporte se disfruta y se sufre a la vez. Lo cruel llega cuando te tiras un año entrenándote y no cumples con los objetivos, pero este deporte me ha enseñado muchos valores a lo largo de los años... No me arrepiento de haber hecho atletismo», insiste el atleta nerjeño.

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