Barcelona, 25 años después del sueño

Los seis olímpicos malagueños, tres de ellos medalla de oro, cuentan cómo los Juegos cambiaron su vida

MARINA RIVAS

Caía la noche en Barcelona un 25 de julio de 1992. Todo estaba preparado. Nada podía o, al menos debía, salir mal. El arquero Antonio Rebollo disparaba la flecha que encendería aquel inmenso pebetero de Montjuïc mientras 55.000 personas le observaban con atención y nerviosismo. Los Juegos de Barcelona habían empezado, la cita deportiva hasta la fecha más importante celebrada en nuestro país, con 9.356 atletas de 169 nacionalidades que sabían que, aquella fecha les cambiaría la vida. Y así fue para muchos de ellos. Cómo no, también para seis malagueños, que 25 años después, afirman la existencia de un antes y un después de Barcelona 1992.

Sanz fue la primera jugadora de bádminton española en unos Juegos Olímpicos. Lo consiguió en Barcelona, donde se incluyó este deporte por primera vez en la historia
Sanz fue la primera jugadora de bádminton española en unos Juegos Olímpicos. Lo consiguió en Barcelona, donde se incluyó este deporte por primera vez en la historia / SUR
Esther Sanz, bádminton «Me decían que lo dejara; ese fue mi revulsivo para seguir»

Esther Sanz fue la primera española olímpica en bádminton y lo hizo, además, en Barcelona. A los 13 años ya se concentraba con la selección absoluta, siendo la más joven y a los 14 dejó de vivir con sus padres para entrenarse en Granada. «Un día, un entrenador me dijo que me dedicara a otra cosa, que no se me daba bien esto. Años después, fue el mismo técnico que me llevó a Barcelona, Pedro Blach», recuerda.

En España todavía era un deporte poco conocido. «Había gente que no nos tomaba en serio hasta que nos veía entrenar», se sincera. Aunque cayó en la primera ronda, los Juegos fueron su mayor logro. «Llegar allí fue la culminación de un gran sacrificio. Sirvió para que reconocieran más el bádminton; Fue cumplir un sueño», rememora. «La gente me decía que lo dejara, que no iba a llegar a nada –añade–; ese fue mi revulsivo para entrenar». Sin embargo, una lesión de menisco le impidió acudir a Atlanta 1996, además de varios conflictos ligados a la selección. Con sólo 21 años la benalmadense se retiró y marchó a trabajar a Estados Unidos (junto a su marido), donde con la carrera de Turismo y cuatro idiomas (español, francés, alemán e inglés) trabajó en Philadelphia y Nueva York como touroperadora de viajes. Tras dieciséis años, acaba de regresar a Benalmádena.

Alonso, que fue campeón del mundo un año antes (1991), cerró su concurso con un cuarto puesto
Alonso, que fue campeón del mundo un año antes (1991), cerró su concurso con un cuarto puesto
Ángel Alonso. Taekwondo «Entrar al estadio y dar la vuelta fue algo irrepetible»

El futuro de Ángel Alonso también estuvo fuera de España. Olímpico en taekwondo (-58 kilos), incluido como deporte de exhibición, el malagueño llegó a ser cuarto y fue el único representante masculino de la provincia en esta cita. «Desde que llegué al Centro de Alto Rendimiento de Barcelona con 17 años mi objetivo estaba en los Juegos. Me entrenaba para llegar allí», comenta Alonso. Pocos años después, cumpliría su meta. «Fue el evento deportivo más importante de la historia de España y tuve la suerte de vivirlo desde dentro», rememora.

Guarda muchos recuerdos de aquel evento, aunque uno de ellos fue el más especial. «Entrar al estadio, dar la vuelta y saber que eso sería irrepetible. Nunca habría otra cosa igual», sentencia. No podía esperar otros ocho años para volver a revivir aquello (el taekwondo no volvería a unos Juegos hasta Sidney 2000), así que aprovechó la oportunidad del COE de trasladarse a Guatemala, donde vivió durante dos décadas su pasión desde otra perspectiva. Alonso volvió a unos Juegos, aunque como entrenador, en Sidney 2000, Atenas 2004 y Londres 2012. Su labor le llevó a conseguir diez veces el título al mejor técnico nacional de Guatemala en este deporte. A su regreso a Málaga encontró en la psicología deportiva otra de sus pasiones. «Estudié un máster y empecé con Javier Imbroda en la empresa MindCompanySport, de coaching deportivo, donde trabajamos con deportistas», explica.

Oro. El taekwondo partía como deporte de exhibición
Oro. El taekwondo partía como deporte de exhibición

Elena Benítez. Taekwondo «Los Juegos cambiaron mi vida y me abrieron puertas»

También en taekwondo peleó la sampedreña Elena Benítez, aunque esta vez con un final estelar. Eran sus segundos Juegos, tras Seúl 1988, donde se convirtió en la primera malagueña olímpica. Aunque, si ha de elegir, se queda con Barcelona, donde obtuvo el oro en -65 kilos. «Iba pasando rondas y, de repente, estaba camino del podio, sabiendo que ese iba a ser el momento más importante de mi vida. No hay nada más grande que eso», recuerda emocionada. Sabía que no fueron unos Juegos cualesquiera. «Era en casa, en tu país, con tu gente. Los que competían los primeros días comenzaron a sacar resultados. Llegó el primer oro con el ciclismo en pista, y hubo como una especie de fiebre. Nos contagió a todos. Nos quitamos los complejos y vimos que era posible».

Para ella hubo un antes y un después de Barcelona, aunque años más tarde, siguiera su camino profesional ligada al taekwondo. «Los Juegos cambiaron mi vida y me abrieron muchas puertas», dice. Tanto que más tarde acudió a las Juegos de Atenas, Pekín y Londres como entrenadora y también a Río el pasado verano como directora técnica de la Federación Española de Taekwondo, para la que sigue trabajado actualmente.

La más joven. Con 14 años, Peláez (izquierda) fue una de las más jóvenes de todos los deportistas de Barcelona 1992
La más joven. Con 14 años, Peláez (izquierda) fue una de las más jóvenes de todos los deportistas de Barcelona 1992
María Peláez. Natación «Ahora comienzo a apreciar la gran magnitud de aquello»

Producto del Cerrado de Calderón y el Real Club Mediterráneo, llegó a Barcelona como la benjamina de la selección española, con 14 años. María Peláez, que disputó el 100 y 200 mariposa (modalidad en la que llegó a la final ‘B’) y el 4x100 estilos. «Fue un impacto enorme. No sabía de lo que iba aquello. Mis conocimientos hasta ese momento fueron a través de mis hermanas», rememora sobre sus comienzos. Echando la vista atrás, la malagueña residente en Madrid se emociona al recordar lo que vivió en esos Juegos. «Ahora es cuando comienzo a apreciar la verdadera magnitud de aquello», reconoce. «Desde Barcelona, mi vida se organizaba en ciclos de cuatro años. Nos preparábamos para no tener la frustración que podían tener otros compañeros... Barcelona me condicionó el resto de mi vida», añade.

Sin embargo, no todo ha sido un lecho de rosas para Peláez, que explica lo costoso que le ha sido encontrar un hueco en el mundo laboral, aun habiendo sido cinco veces olímpica (algo al alcance de muy pocos) y habiendo trabajado como coordinadora y técnica deportiva con el COE. «He llegado a echar currículos en varios sitios y ni siquiera los han leído», se lamenta. A pesar de ello, no desiste y en los próximos meses se incorporará, también como técnica deportiva, en el Ayuntamiento de Majadahonda.

Theresa Zabell (dcha.) acumula un pleno de dos en dos en los Juegos.
Theresa Zabell (dcha.) acumula un pleno de dos en dos en los Juegos.
Theresa Zabell. Vela «Fue inolvidable; no se puede comparar con nada en la vida»

Una de las caras más representativas de Barcelona y, hasta la fecha, la regatista española más laureada de la historia. Cinco veces campeona del mundo, dos de Europa, doce de España y, por supuesto, dos oros olímpicos en Barcelona y Atlanta. Todo ello en vela. La fuengiroleña, de origen inglés, Theresa Zabell, es la única española con estos dos metales olímpicos, en un selecto grupo donde sólo se encuentran Nadal, Deferr, Llaneras y Craviotto. «Fue mucho estrés, porque llegamos siendo favoritas, era una presión enorme. Si ganabas habías cumplido y si perdías era una derrota», recuerda. Aunque mereció la pena la tensión. «Fue inolvidable, no se puede comparar con nada en esta vida. Es sólo recodarlo y ya se me ponen los pelos de punta. Barcelona nos enseñó a valorarnos como deportistas y que todos valemos», afirma.

Una gesta que alcanzó justo después de retirarse un año de la competición al quedarse fuera de la selección para los Juegos de Seúl. «Me dolió mucho y nunca lo entenderé, pero si no hubiese vuelto me habría arrepentido siempre. Creo que ese momento me hizo ser la deportista tan fuerte que llegué a ser. Me enseñó la importancia de luchar siempre», se sincera, echando la vista atrás. En lo académico, Zabell es licenciada en Marketing y en Informática y sabe cuatro idiomas y, en lo laboral, llegó a ser la primera mujer vicepresidenta del COE (por siete años) e, incluso, fue eurodiputada. Ahora trabaja para una multinacional organizadora de eventos e imparte charlas bajo el nombre de su propia fundación, Ecomar, donde une sus dos pasiones: la náutica y el medio ambiente..

Oro. Barea (con la cinta azul en la cabeza) se hizo con el oro con un gol en la final.
Oro. Barea (con la cinta azul en la cabeza) se hizo con el oro con un gol en la final.
Mari Carmen Barea. Hockey hierba Un oro olímpico con gol incluido en la final del torneo

Por motivos personales no ha podido participar con testimonios propios en este reportaje, pero no nombrar a Mari Carmen Barea sería no hablar de una de las protagonistas de Barcelona 1992. La malagueña se colgó el oro junto al equipo de hockey hierba, además, marcando uno de los goles de la final (2-1 ante Alemania).

Barcelona no fueron unos simples Juegos. Fueron los tres oros de los malagueños; la emoción de Fermín Cacho llegando a meta conocedor de que era campeón olímpico; fue Cobi fundiéndose en un barco de papel hacia el cielo; el nacimiento del ‘Dream Team’... Miles de momentos para la historia, pero sobre todo, un récord de 22 medallas españolas, el sentimiento de orgullo de un país por haber hecho un buen trabajo y, lo más importante, la sensación de haber cumplido un sueño colectivo.

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