Carolina Navarro, más de media vida en el pádel

Navarro posa para este periódico en las instalaciones de Fuengirola Pádel.
Navarro posa para este periódico en las instalaciones de Fuengirola Pádel. / Ñito Salas
  • La jugadora malagueña inicia su pretemporada número 23 como profesional

  • «Disfruto mucho con lo que hago y no pienso en la retirada», dice la deportista más laureada de la historia de este deporte

Estos días disfruta de Málaga, de su casa y de su familia. Después, una vez que empiece la pretemporada, tendrá poco tiempo para regresar a su ciudad natal, ya que vive en Madrid y compite por toda España. Carolina Navarro es la jugadora de pádel más laureada de la historia de este deporte y afronta este 2017 su temporada número 23 como profesional. Y lo hace con la misma ilusión y ganas que cuando empezó a mediados de los años 90, cuando el pádel era un deporte exótico y desconocido que se jugaba con palas de madera. Ahora, cerca de cumplir 41 años –edad que está lejos de aparentar–, trabaja duro para seguir siendo una de las mejoras jugadoras del circuito profesional. «Es más de media vida, yo diría que casi toda la vida pegada a una raqueta, porque antes del pádel jugué desde los 7 años al tenis», afirma. En estos 23 años, Navarro lo ha logrado todo: 12 campeonatos de España, cuatro campeonatos del mundo por selecciones, tres campeonatos del mundo por parejas, nueve años como número 1 del mundo... «Os tengo a todos mal acostumbrados», bromea. El año pasado, ella y Cecilia Reiter, su pareja desde 2010, acabaron cuartas en la clasificación del World Padel Tour, «algo que firmarían muchas parejas del circuito». «Ahora hay mucha más competencia y el World Padel Tour es más duro. Fue un buen resultado», afirma.

La malagueña, una deportista muy competitiva, ya piensa en la temporada que empezará en marzo con la máxima ambición: «Disfruto mucho con lo que hago. Tengo una motivación innata. Es cierto que hay días que te cuesta, que se hace duro ir a entrenarse, pero yo hago lo que más me gusta y así seguiré haciéndolo mientras pueda». Navarro ni siquiera se plantea que pueda ser la de 2017 su última temporada: «Es que no es algo en lo que piense; me siento muy bien físicamente y no me planteo la retirada. Es cierto que con la edad te tienes que cuidar más, trabajar mucho el apartado físico o la alimentación, pero, como digo, me encuentro muy bien y con ganas de seguir jugando». No todo ha sido un camino de rosas para esta jugadora, que pasó por un momento crítico que pudo truncar su carrera: «En 2004 me rompí la rodilla a un mes del Mundial y eso fue muy duro. Además, cuando empezaba de nuevo a sentirme bien, en 2006 me rompí la otra rodilla. Me operé, empecé de cero y a los siete meses estaba jugando y ganando el Mundial. Las lesiones me han hecho más fuerte», comenta. E insiste en las enormes ganas que tiene de jugar una temporada más: «¡Es que me siento muy bien! ¿Por qué me voy a poner un límite?».

Más de dos décadas después de que Navarro empezara en el pádel, el deporte ha evolucionado bastante. Primero, desde el punto de vista de las instalaciones y los materiales, con césped y cristales en las pistas y palas más ligeras. Hay que tener en cuenta que el pádel es un deporte relativamente joven –la primera pista que se hizo en España fue en Marbella, a mediados de los 70, gracias al príncipe Alfonso de Hohenlohe– y en este tiempo ha pasado de ser un deporte elitista a ser uno de los más practicados en el país. «Cuando yo empecé, había dos o tres clubes en Málaga, el Miraflores, El Mayorazgo, El Limonar... Todo el mundo te preguntaba ‘¿Qué es eso del pádel?’ Terminaba diciendo que era cómo el tenis, pero en una pista pequeña», recuerda la malagueña. «Ahora muchísima gente juega y hasta te reconocen por la calle», asegura. Además de los cambios en las pistas y en el material, el pádel femenino también ha evolucionado mucho en la parte técnica y en esto ha tenido mucho que ver Carolina Navarro. «Era un juego más defensivo, de globos, de esperar a que el rival fallara... Pero poco a poco se fue haciendo más físico, más agresivo, con más importancia del ataque... Más atractivo», destaca.

Además de sus títulos como profesional, Navarro ha logrado algo que quizás no esperaba cuando empezó en este mundo: vivir del pádel, su pasión. Además de los torneos, el apoyo de los patrocinadores y la organización de eventos y clínics relacionados con el deporte permiten que el pádel sea su profesión. «Eso es un privilegio, lo tengo claro», recalca. y agradece el apoyo institucional del Ayuntamiento de Málaga (Málaga2020) y del Patronato de Turismo de la Diputación (Málaga Costa del Sol).

Un privilegio al que aspiran algunas jugadoras malagueñas que ya han iniciado su carrera en el World Padel Tour, como María del Carmen Villalba o Beatriz González. «Son dos jugadoras muy buenas, con mucho talento. En el caso de Bea, se da la casualidad de que mucha gente dice que se parece a mí cuando empezaba», afirma. «En Málaga hay una enorme cantera de pádel», concluye.

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