Diario Sur

«Antes de la final probé el bote y le dije a mi entrenador que iba a ganar»

Adrián Miramón, durante el campeonato del mundo del año pasado.
Adrián Miramón, durante el campeonato del mundo del año pasado. / SUR
  • El remero malagueño Adrián Miramón se hizo el domingo en Mónaco con su segundo título mundial consecutivo

Comenzó en el remo por pura coincidencia y acabó por convertirse en campeón del mundo. Adrián Miramón es natural de Benalmádena y, con sólo 25 años, puede decir que lleva toda su vida dedicada al agua. Como cualquier otro pequeño, empezó por apuntarse a natación, aunque más tarde cambió para incorporarse al remo, donde lleva desde los 11 años. Todo ello en el Real Club Mediterráneo.

«Comencé por mi hermana. No consiguió la mínima para entrar en el equipo de natación y quiso meterse en remo. Me pidió que la acompañara, para no ir sola, y cuando llegamos, al verme tan alto para mi edad, se centraron más en mí que en mi hermana», recuerda Miramón. A lo que añade: «No tenía planeado cambiarme de deporte, pero me dijeron que si me apuntaba a remo me harían campeón de España».

Una frase que le cambió por completo y a partir de la cual empezó a trabajar y a competir, siempre por superarse a sí mismo. Hasta la fecha, el remero malagueño cuenta en su palmarés con doce títulos de campeón de España, en diferentes categorías y tanto en las modalidades de remo olímpico como de mar, también con un bronce y una plata en dos Europeos en categoría juvenil de remo olímpico y, lo que es más importante, dos títulos de campeón del mundo, además consecutivos. El último de ellos alcanzado el domingo en Mónaco.

«El mejor recuerdo que tengo de una competición podría ser el del Mundial de Perú, donde conseguí mi primer oro. Pero me quedo con Mónaco, porque supe sobreponerme a los inconvenientes», explica el deportista. Y es que en la ronda de clasificación estrenó un bote que no terminó de dominar del todo y que crispó su seguridad. «Llegué a pensar que no me clasificaba», asegura Miramón.

Sin embargo, un cambio de embarcación de última hora le hizo recuperar la calma. «Antes de la final probé el bote y ya le dije a mi entrenador que iba a ganar», afirma con rotundidad. Y fue esto precisamente, el apoyo cercano de su preparador, Manolo Rodríguez, lo que mejor supo calmar los nervios del malagueño en Mónaco. Una relación que valora muy positivamente el deportista, al igual que la que guarda con su otro ‘míster’, Daniel Serrano, que le acompaña desde las categorías inferiores. «De pequeño era muy nervioso; Daniel tuvo que aguantarme mucho», se sincera.

Remo de mar y traineras

Hasta hace cinco años Miramón competía en remo olímpico. Es una modalidad que se disputa en ríos o pantanos, por lo que no contaba con los principales inconvenientes que encuentra hoy día en pleno mar. El estado del agua, las corrientes o la temperatura son algunos de estos. Sin embargo, ha dejado a un lado esta modalidad para llevar adelante el remo de mar y las traineras.

Y es que, a pesar de amar su tierra, Miramón lleva tres años viviendo fuera de casa. Dos en Santander, donde perteneció a dos clubes: el Pedreña y el Astilleros. Y este último año en Bilbao, donde ha sido fichado por uno de los clubes más importantes de la Primera División de la Liga Nacional de traineras, el Kaiku. Una modalidad de remo, tradicional del norte de España, donde compite de forma grupal en una embarcación con trece remeros y un patrón. Este se ha convertido en su trabajo, que compagina con los campeonatos de remo de mar con el RCM.

«Al principio cuesta. Te levantas y está lloviendo; te acuestas y sigue lloviendo. Es complicado acostumbrado al sol de Málaga, pero te acabas haciendo a la idea», explica el remero. Feliz con su actual modo de vida, en el que mezcla su trabajo con su afición, Miramón sólo piensa en entrenar para seguir creciendo como deportista. Y es que una de sus grandes cualidades es su positividad. «Siempre intento sacar algo bueno de cada competición», explica. Eso sí, en equipo todos dependen de todos, pero en categoría individual el nivel de exigencia con uno mismo es superior. «En el remo si ganas, lo haces tú sólo y esa es la mejor sensación», argumenta el malagueño.