Diario Sur

Jongeneel, el aliado del mar

El nadador malagueño, en Nueva York, enclave de su último gran reto
El nadador malagueño, en Nueva York, enclave de su último gran reto / Ssmarrero/Brazadas solidarias
  • La doble vuelta a Manhattan fue la décima gran travesía de este malagueño, siempre con fines solidarios

  • «El reto de Nueva York ha sido el más largo con diferencia de los que hecho», dice el nadador, abrumado por la repercusión de su reto

Ya ha podido recuperar algo de fuerzas y todavía está asimilando toda la repercusión que en España ha tenido su proeza del pasado fin de semana. Christian Jongeneel se convirtió en el cuarto deportista de la historia (primer europeo) en completar dos vueltas a la isla de Manhattan tras 20 horas y 16 minutos de nado ininterrumpido. Un esfuerzo sobrehumano para superar corrientes en contra, frío, puentes y el cansancio físico y mental.

Pero este malagueño de 42 años siempre se ha sentido a gusto en el mar. Desde pequeño. Quizás por eso cambió la competición en piscina por el nado en aguas abiertas y, más tarde, por las grandes travesías. La de Nueva York ha sido el décimo de sus grandes retos; antes Jongeneel nadó en Uruguay, en la India, en Nueva Zelanda o en Marruecos, por citar algunos de sus recorridos más osados. «Esta de Manhattan ha sido la más larga, con diferencia. He hecho otras travesías de 40 o 50 kilómetros, de unas diez horas de duración. Pero nunca tan larga como esta, de 92 kilómetros», asegura este nadador afincado en Rincón de la Victoria. Siempre con el mar como aliado: «La verdad es que me siento a gusto y con confianza. Antes no me pasaba, pensaba muchas veces en abandonar las travesías. Pero el mar es el que decide y hay que entenderlo. Mucha gente me dice: ‘Te conozco y eres capaz de acabar cualquier travesía’. Pero al final es el mar es el que decide si se puede o no. Esto es lo bonito, que no todo está en tus manos, en tu entrenamiento o en tu fuerza mental; si ese día las condiciones no son óptimas, poco se puede hacer», sostiene.

El reto de Manhattan también ha sido el que más difusión ha tenido y Jongeneel no ha parado de atender a medios de comunicación desde que terminó el reto, pese a que no le gusta mucho el protagonismo. «Ha sido una barbaridad, me han llamado de todos lados. Ha tenido mucha repercusión y yo siempre aprovecho para contar las cosas de Brazadas Solidarias y de la Fundación Vicente Ferrer, que al final es el objetivo de todo esto. Si las travesías sirven para que se den a conocer algo más los proyectos de cooperación, pues yo feliz», comenta.

Colaboración

Las inquietudes sociales de Jongeneel le hicieron empezar a colaborar con la Fundación Vicente Ferrer, crear la asociación Brazadas Solidarias y ahora dedicarse en pleno a la Fundación, ya que pidió una excedencia de su trabajo como ingeniero. «Empezamos a hacer algunas iniciativas para colaborar con la Fundación Vicente Ferrer y nos dimos cuenta de que necesitábamos crear una asociación sin ánimo de lucro para canalizar estas actividades. Así nació Brazadas Solidarias y para implicar a más gente empezamos hacer travesías populares. Hemos crecido muchísimo, ya tenemos pruebas en toda Andalucía, en Vitoria, en Canarias, en Menorca... Es satisfactorio ver que esto crece y que cada vez hay más personas interesadas en hacer cosas por algo y por alguien», comenta. Todo lo recaudado desde Brazadas Solidarias se termina destinando a un proyecto concreto para personas desfavorecidas en la India (de vivienda, de escuelas, o a programas de mujeres con VIH, como en este caso) de la mano de la Fundación Vicente Ferrer.

En el caso de los grandes retos, lo suelen planificar a principio de año, aunque cuentan con medios limitados. «Estos viajes son un poco compromiso personal, nos costeamos los gastos de avión o de alojamiento, ya que no tenemos grandes patrocinadores. Aunque sí es verdad que poco a poco van llegando empresas muy volcadas con causas solidarias y que ejercen de colaboradores», explica. Además, el apoyo de la Fundación Vicente Ferrer y de amigos y familiares que le apoyan es fundamental.

Se ríe cuando se le cuestiona por si tiene en mente algún otro gran reto para el futuro –aún tiene que recuperarse de las dos vueltas a Manhattan–, pero admite algunas preferencias: «Me gustaría mucho volver a nadar a la India, me haría mucha ilusión; también hay otra travesía bonita en Hawái... Yo siempre digo que hay tantas travesías como mares hay, así que cualquier sitio es bueno», sentencia.