El espíritu de Lituania

La selección femenina de hockey de ese año no perdió ni un solo encuentro, un hecho no repetido hasta la fecha
La selección femenina de hockey de ese año no perdió ni un solo encuentro, un hecho no repetido hasta la fecha
  • La medallista de oro en Juegos Olímpicos en hockey hierba, Mari Carmen Barea, recuerda el verano del 89, en el que las vicisitudes de una gira fueron clave tres años después

Mari Carmen Barea, nacida en Carranque hace algo menos de 50 años, es, junto a Teresa Zabell, la única mujer (u hombre) malagueña que ha ganado una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Aquel verano de 1992 fue un momento que nunca olvidará. El desfile de los atletas en Montjuic (y cuya experiencia repitió en Atlanta y Sidney); el primer encuentro frente a Alemania en el centro olímpico de hockey de Terrasa; su gol en la semifinal contra Corea que les dio el pase a la final; y ese último encuentro frente a Alemania –en el que también marcó uno de los dos goles– que hizo a la selección española, contra todo pronóstico, ganadora de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, fueron capítulos de su vida que siempre quedarán en su retina. Pese a la importancia del triunfo –nunca igualado por España ni en hombres, ni en mujeres–, Mari Carmen Barea asegura que le es difícil recordar pasajes de aquellas dos semanas con claridad. «Todo pasó muy rápido; íbamos partido a partido, los dos últimos encuentros se ganaron en la prórroga y casi no recuerdo cómo lo viví».

El espíritu de Lituania

Ese verano, sin duda uno de los más felices de su vida, no fue sino la recogida de lo sembrado durante las temporadas previas. Con unos Juegos a las puertas, España vivía entonces una época dorada para el deporte. «El entrenador, José Brasa, era capaz de conseguir dinero para irnos de gira a entrenar, jugar partidos contra otras selecciones fuertes y para que pudiéramos tener un importante staff técnico», explica Barea. Fue precisamente tres veranos antes de Barcelona 92, en una gira que duró un mes y que recorrió Holanda, Alemania y finalmente Lituania, cuando la selección femenina de hockey hierba forjó, a base de vicisitudes y complicaciones, lo que en los años siguientes llamarían ‘espíritu de Lituania’, y que la propia malagueña considera que fue «clave» para la consecución del título olímpico.

En el caso de 1989, la delegación partió a mediados de agosto a Holanda como primera parada. «Fuimos a un lugar llamado Papendal, al que solíamos acudir. Recuerdo que era un sitio precioso, con buenas instalaciones, pero en el que la única cosa que se podía hacer era entrenar», relata la exjugadora, que cuenta en su haber con más de 200 partidos internacionales. En realidad, para Mari Carmen ya era la segunda parada desde que saliera de casa, porque previamente a Holanda, el equipo ya había estado concentrado una semana Terrasa.

«Después de jugar algunos partidos en Holanda, comenzamos la siguiente etapa, que estaba en Linburg, Alemania. Aprovechamos esa semana para seguir jugando amistosos, en este caso contra la selección alemana, aunque no sabíamos que la siguiente etapa sería, sin duda alguna, la más dura de todas», señala Barea.

La perestroika de la selección

El entrenador de la selección, José Brasa, ha sido históricamente uno de los personajes más peculiares e influyentes del hockey español. Tras ‘pelear’ dentro del Consejo Superior de Deportes por encontrar un destino algo más ‘exótico’ para la última semana de concentración, finalmente se eligió Lituania, y en concreto un pueblo cercano a la ciudad de Vilnius, en el que, curiosamente, jugaba un equipo de hockey, un deporte con poca incidencia en el país.

«La cosa comenzó mal desde el principio», cuenta la jugadora internacional. «Nos dijeron que no había vuelo hasta Lituania, por lo que debíamos recorrer en autobús algo más de 1.000 kilómetros. Pero además, no se trataba de un autocar de los que conocemos, sino un bus de línea de madera». Después de más de un día de trayecto –con una ‘pintoresca’ parada en Minsk en una taberna en la que salió la cocinera con un ratón en la mano–, finalmente llegaron pasadas las 17 horas. «Aquello fue impresionante. La carretera estaba cortada porque medio pueblo, alcalde incluido, había venido a recibirnos con unas hogazas de pan; que por cierto nos comimos en segundos del hambre que teníamos», cuenta.

El objetivo principal del viaje era entrenar, pero aquello fue algo que les costó poder realizar. «Lo primero que hicimos fue ir a ver el campo, pero pensamos que se trataba de una broma. El hockey se juega en un campo de hierba y agua, o por aquel entonces de hierba y arena. Pero lo que nos encontramos fue una pista de alquitrán con las mismas dimensiones, en el que la bola corría de manera endiablada».

«Hubo momentos, como cuando vimos la avioneta en la que volveríamos, en la que incluso hablamos de amotinarnos. Pero entendimos que esta era su realidad, la realidad de un país de la URSS en 1989. Y decidimos cambiar el chip; aprovechar lo mejor del viaje. Sinceramente, no descarto que Brasa supiera qué nos íbamos a encontrar, y que lo hiciera para curtirnos», reconoce Mari Carmen. «Pero ese espíritu de Lituania fue al que apelamos en los siguientes años;durante esas prórrogas en las que nos jugábamos la vida, en tiempos en los que no se podía estar peor. Y así ganamos unos Juegos Olímpicos», concluye.