LOPETEGUI, UN TIPO VALIENTE

MANUEL CASTILLO

A Lopetegui le ha faltado poco para sacar petróleo del estadio Bernabéu. No se pueden conseguir más objetivos en un mismo partido. Ganó España a Italia con solvencia y brillantez y quedó demostrado que los malabaristas del balón (Iniesta, Silva, Isco y Asensio) pueden jugar juntos; jugó el equipo sin un '9' que llevarse a la delantera, y al final salió uno (Morata) que marcó el gol que redondeaba la victoria. Se trajo a Villa de Estados Unidos provocando un homenaje que no había tenido el máximo goleador de la selección. Y acabada la rueda de prensa pospartido, Julen Lopetegui no se mordió la lengua para dedicar un lacónico recuerdo a Ángel María Villar, a quien, sin entrar ni salir en lo de su actual situación, le agradecía que lo hubiera puesto al frente de la selección. Tres decisiones, tres, con las que el sucesor de Del Bosque se jugaba el tipo en el círculo de los debates, críticas y demás.

Que el centro de campo español es posiblemente el mejor del mundo resulta incuestionable; funcionó y a la perfección. Que repescara al ya olvidado Villa a sus treinta y tantos años y de una 'liga light' es objeto de discusión para algunos cuando a nadie medianamente futbolero se le escapaba el hecho de que, al final y de seguir en las convocatorias (falta casi un año para el Mundial), no pasaría de ser el tercer o cuarto ariete disponible. A lo mejor le pareció al seleccionador un momento ideal para tributarle a Villa ese homenaje que no ha tenido, como quedó patente con todo un estadio clamando por su presencia; mejor eso, digo yo, que llamar a un Diego Costa, díscolo, egoísta y rebelde donde los haya. Lo lamentable es que una ligera lesión ha dado al traste con el propósito del seleccionador de alinearlo en el partido de esta noche. Y en cuanto a lo del mensaje a Villar es, sencillamente, una muestra de gratitud y buen talante que no entorpece ni hace daño a nadie.

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