LÁGRIMAS DE PIQUÉ

JAVIER IMBRODA
JAVIER IMBRODA

No es nada fácil aislarse sin ser sensible a los acontecimientos que vive nuestra España. El deporte, que siempre mantiene un perfil bajo en esto de los asuntos políticos, por aquello de no tener fronteras, ideologías o razas, se ve salpicado inevitablemente por los hechos extraordinarios que suceden en Cataluña, y que nos afectan a todos.

Entre otras cosas porque en Cataluña han puesto el deporte al servicio de una independencia dañina y deplorable. El Barça como símbolo del atropello, y alguno de sus miembros como el inefable Piqué, trasladando su opinión envuelto en lágrimas. Unas lágrimas en exclusiva. Lo que el manipulable Guardiola denunciaba como opresión, y así, unos cuantos deportistas catalanes de varias disciplinas deportivas, manifestaban su adhesión a la causa independentista. Salieron del armario nacionalista. Eso sí, habiendo vivido perfectamente del ‘Estado opresor’, allá donde han podido desarrollar su talento.

Debe haber sido muy duro, para estos que ahora despotrican de lo nuestro, desde una atalaya instalada en el supremacismo (para los de la LOGSE, la creencia que afirma que un grupo determinado es superior a otro), tener que convivir con el resto, mezclarse con esa España atrasada o sin remedio, vaga, facha y no sé qué más. Conozco a alguno de ellos que por prudencia no nombraré, los tuve en la selección y en equipos varios, y la verdad es que no los vi sufrir en demasía, salvo después de los ejercicios que aplicábamos en defensa.

Estos mismos que ahora abrazan el independentismo, nos miran como seres inferiores. Lo han hecho históricamente, pero es ahora cuando lo hacen sin disimular. La advertencia está expresada en estas líneas, atención a la hora de contratar a un independentista, su compromiso será con el contrato, no con tu proyecto. Será desleal, y sólo estará unido a ti porque no encontró sitio en su arcadia feliz.

España, como todos sabemos, tiene muchos problemas que resolver. En un mundo con tantos retos globales, necesita de todos. Juntos somos mejores. Esa demagoga equidistancia que algunos pretenden imponer, no cuela ya. Llevamos años, tal vez demasiados, aguantando el desprecio nacionalista, su estúpida superioridad basada en la xenofobia, utilizando una lengua como herramienta excluyente, y provocando desigualdad entre españoles.

Sin embargo, las grandes corporaciones empresariales, y multitud de ciudadanos, buscan cobijo en España, donde encuentran seguridad jurídica y tranquilidad para desarrollar su actividad. Y se acomodan en esa España atrasada y sin remedio donde los acogemos con los brazos abiertos. ¡Qué curioso!

Piqué, mitad hombre, mitad niño (hombre de cuello para abajo y niño de cuello para arriba), simboliza esa Cataluña extraña y hostil. No te quiero, pero no puedo vivir sin ti. Un cacao mental propio de cabezas inmaduras con rasgos infantiles. Un gran futbolista que nos dedica lágrimas de impotencia gratuita, olvida que forma parte de un deporte colectivo. Poner en crisis a tu equipo, provocando tensiones innecesarias. Otro rasgo de inmadurez manifiesta, soltar lindezas sin reflexión, inconsciente del daño, o peor, consciente del daño sin importarle las consecuencias.

Es momento para poner la inteligencia (dentro de la legalidad) sobre la mesa, no las vísceras. A esa mesa no estará invitado Piqué.

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