LÁGRIMAS POR EL FÚTBOL

JOAQUÍN MARÍN D.

Entre que el Málaga no levanta cabeza y que a la selección española no sabemos cómo habrá que llamarla de aquí a unos días -igual selección estatal, o selección del país de países antes conocido como España-, el fútbol se está convirtiendo en un fastidio. Por culpa de las malas planificaciones, las malas actuaciones y la anteposición de los intereses económicos a los deportivos, el Málaga está último, colista de Primera División. Y no es que no se viera venir. Y por culpa de la mezcla continua de política y deporte, la contaminación del asunto catalán, las dotes dramáticas de Piqué y demás, la selección española vuelve a ser una molestia que de vez en cuando obliga a parar la liga y poco más. Vamos, como antes de iniciarse la época inolvidable de la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012. No sé cuánta gente irá a Alicante a animar a España -con perdón- contra Albania o a pitar a Piqué, al que siempre he defendido, por más que se empeñe en dejar sin argumentos convincentes a los que no entendemos que se abronque a uno de los todavía nuestros. Pero el caso es que las ganas de ver ese partido por la televisión se acercan a ninguna.

Esta desafección hunde sus raíces en la maldita injerencia de la política, pero es que todo es política. Las lágrimas de cocodrilo de Piqué lo son. Los 'tuits' de Sergio Ramos con la bandera de España lo son. Las decisiones incomprensibles del Barcelona de jugar a puerta cerrada pero jugar para que no le quiten seis puntos en la liga española lo son. Y si para huir de esta jodienda uno vuelve los ojos al Málaga en busca de consuelo, surgen más lágrimas. Y no precisamente de cocodrilo.

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