De jugar a la 'play' por Internet a compartir la gloria olímpica

Regino Hernández y Javier Fernández, ayer con sus medallas de bronce en la sede de LaLiga. :: marina rivas/
Regino Hernández y Javier Fernández, ayer con sus medallas de bronce en la sede de LaLiga. :: marina rivas

Javier Fernández al fin pudo reencontrarse ayer con Regino Hernández y habla sobre el éxito del 'rider' mijeño: «Me puse supercontento, me hizo mucha ilusión»

MARINA RIVAS MADRID.

Cuando uno se cita con un bicampeón mundial, hexacampeón de Europa y bronce olímpico, idealiza al personaje. Casi sin quererlo, se lo imagina serio, decidido, quizá con algo de carácter y también autoridad. Creamos un imagen surrealista y en más de una ocasión sobrealimentada de según que deportista olvidando que, ante todo, son personas. Así sucede con deportistas como Javier Fernández, que logran grandes hitos y que, como es el caso, llegan a lo más alto manteniendo la esencia del comienzo de su carrera. Eso es lo verdaderamente admirable. Con sus zapatillas, un abrigo blanco nada llamativo, una bufanda al cuello y una tímida sonrisa en su cara, el patinador español más laureado de la historia conversó ayer en SUR en las instalaciones de LaLiga, en Madrid, apenas tres días después de lograr un bronce olímpico histórico en los Juegos de Pyeongchang.

Hasta hace unas horas, Fernández podía presumir de un palmarés con títulos nacionales, europeos y mundiales, pero él no se fijaba en eso. Sólo sentía que le seguía faltando algo: una medalla olímpica. «Por fin. Tenía la espina clavada de los Juegos de Sochi. En este deporte no se compite con mucha edad y, seguramente, para mí estos Juegos han sido los últimos. Con 30 años ya no me veo en los siguientes...», se sinceraba. Era su última oportunidad y no estaba dispuesto a dejarla pasar. Y es que quedarse a las puertas del podio en 2014 le hizo crecerse más. Así lo explica: «Socchi me hizo aprender mucho. Me hizo darme cuenta de que tenía que luchar y trabajar todavía más», asegura.

Su amistad con Regino

Ahora ya es suya. Una medalla de bronce por la que pasará a la historia española de los Juegos, además, junto al amigo con el que se inició en esta aventura olímpica, el 'rider' malagueño Regino Hernández. Con él, siendo los más jóvenes (18 y 17 años) debutó en los Juegos de Vancouver y ocho años después, con él, comparte la gloria. «Tengo muy buen recuerdo de aquello. Pasábamos muchísimo tiempo los dos juntos sin conocernos de antes», rememora. «Después de aquello mantuve bastantes años el contacto con él y jugábamos mucho a la 'play' juntos, por internet. Hablábamos mucho, lo pasábamos muy bien», continúa, entre risas. En Corea del Sur, sin embargo, no se pudo firmar el reencuentro. Así lo explica el mejor patinador español de la historia: «Cuando me enteré de que Regino iba a estar en Corea me hizo mucha ilusión. Pero no lo pude ver. Llegué dos días después de la apertura y las villas olímpicas de nieve y hielo estaban separadas».

Sin embargo, las dificultades por la localización y el horario de sus competiciones no hicieron que el madrileño perdiera de vista al de Mijas durante la final que le daría el bronce. «Me puse supercontento, me hizo mucha ilusión. Ha tenido una gran carrera deportiva, muy larga, y me alegré mucho por él». Apenas 48 horas después, Fernández lograría también hacerse con un hueco en la historia. «Dos medallas en unas Olimpiadas de invierno no se consiguen todos los días. Regino y yo podemos estar orgullosos», se sincera. Todo ello, momentos antes de sellar por fin su rencuentro en un cálido abrazo con el malagueño. En su cara todavía se podían vislumbrar señas de cansancio acumulado, horas de sueño que el propio patinador no negaba que le faltaran pero que acallaba con buenas sensaciones: «Todo lo que un deportista tiene que pasar y lo que tiene que dejar de hacer para llegar al cien por cien a cada entrenamiento... El esfuerzo que hacen los de tu alrededor para que tú estés bien... Eso es lo que me viene cuando pienso en la medalla», asegura, con la mirada perdida.

Desde que comenzara a ganarlo todo, Fernández se ha convertido en un referente entre los más pequeños y un héroe para los que siguen su trabajo. «Es un orgullo que haya personas que me tengan como ejemplo, pero yo no soy un héroe. Yo sólo me dedico a un deporte en el que he conseguido mucho. Para mi un héroe es una persona que salva una vida, que dona un órgano...», aseguraba con la sencillez que lo caracteriza. Quizá sea una de las cualidades que lo han llevado a acaparar todas las miradas. Afronta cada éxito con naturalidad, cercanía y humildad. «No eres mejor persona por haber ganado algo. Si tienes una esencia única, diferente, la gente lo ve. Con ganas, esfuerzo y un poco de talento se puede lograr muchas cosas», concluía, siempre con una imborrable sonrisa en la cara y un brillo especial en los ojos.

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