HONORES

JOAQUÍN MARÍN D. FÚTBOL ESCRITO

Honores para José Antonio Gallardo, el chavea de Torremolinos convertido en gran portero que murió defendiendo la camiseta y la portería del Málaga en una fatídica tarde en Balaídos. También para Viberti, puerta 5 de La Rosaleda, por la que entro al estadio todos los días de partido, y que fue seguramente el primer malaguista que concitó la unanimidad del fútbol español sobre su inmensa calidad y capacidad para manejar al equipo propio y al rival. Migueli, Bazán, Benítez... El ejercicio de la memoria es básico para un club de fútbol porque lo que es en la actualidad es fruto directo, consecuencia, de lo que ha sido en el pasado. De sus heridas, tanto recibidas como autoinfligidas; de sus glorias, escasas en Martiricos; de sus desgracias, prácticamente eternas, el drama de cada día, de cada año, que impide que los corazones malaguistas sepan lo que es el reposo; de sus hazañas, pocas pero épicas, robada la más importante de ellas en aquella negra noche de Dortmund; de sus enemigos, muchos fuera y muchísimos dentro; de sus amigos, muchos fuera y menos dentro; de sus épocas de equipo de tierra en Tercera, de césped malo en Segunda B, de estadios pequeños en Segunda y de gestas y humillaciones en Primera; en definitiva, de una historia llena de sinsabores con pocas alegrías que han sido éxtasis en unas gradas que han llorado mucho más de lo que han reído. En realidad a uno le da por pensar que es un milagro que una ciudad tan cainita, tan indolente y tan despiadada a veces haya podido tener, mal que bien, un equipo histórico en Primera. Un equipo que desapareció una vez ante la pasividad de muchos, pero que renació igualmente gracias a muchos. Y que ahora por fin honra a sus leyendas.

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