HARAKIRI DE FERRARI

ENRIQUE GLÜCKMANN

El Gran Premio de Japón se disputa en el circuito de Suzuka, uno de los pocos que quedan de la vieja escuela -es decir, alta velocidad y muros a escasos centímetros-, lo que hace que las carreras sean siempre muy competidas e impredecibles. Pero en esta ocasión ha supuesto además el carpetazo casi definitivo al Mundial. La avería del motor de Sebastian Vettel, y a la postre su retirada, deja prácticamente el título en manos de un Hamilton que volvía a estar excelso en Japón, aunque es verdad que de nuevo un cada día más sorprendente Max Verstappen lo obligó a dar de sí el cien por cien hasta el último metro. Sólo con acabar sexto en la próxima carrera el inglés se hará con su cuarto entorchado.

Realmente Ferrari ha entregado a Mercedes este Mundial. Los coches alemanes siguen siendo los más rápidos a una vuelta, en virtud a un mapa de motor superagresivo que utilizan por muy poco tiempo en la calificación de la parrilla de salida. Pero después, en carrera, los italianos han llegado a ser más competitivos que las 'flechas de plata' gracias a un trabajo muy elaborado en la parte aerodinámica, al que han tenido que acompañar de unos parámetros en sus motores también muy exigentes. Y aquí está el quid de la cuestión. Ferrari, al haberse acercado mucho a la competitividad de los Mercedes -que en determinados circuitos y con calor habian comenzado a mostrar debilidades-, se ha visto obligada a arriesgar y apretar sus motores al límite y estos no han aguantado las exigencias. Los italianos han perdido, ellos solos, en las tres últimas carreras toda posibilidad de ganar un Mundial. Por él deberían haber luchado hasta el final.

De nuevo Verstappen y Red Bull estuvieron sensacionales, terminando a menos de un segundo de Hamilton y demostrando que tienen el mejor chasis de la parrilla y que el motor Renault, que cada día está mas evolucionado y fiable, puede hacerlos tener un final de temporada que al inicio de año no podían ni pensar. El tercer puesto de Ricciardo refuerza esta afirmación.

Por otro lado, excelente actuación de los equipos Force India y Haas, que lograban situar a sus dos respectivos pilotos en los puntos, tras los incidentes que han tenido durante toda la temporada, que les ha hipotecado su clasificación en la general.

Pero la noticia del fin de semana, como se veía venir, saltaba el mismo sábado: Carlos Sainz sustituirá al ingles Jolyon Palmer en Renault desde la próxima carrera de Texas. Por fin el español estará en un equipo oficial de fabrica, al que llega con la intención-obligación de sumar el máximo de puntos para ayudar a su nueva escudería a hacerse con la cuarta posición del Campeonato de Constructores, lo que puede reportarles más de diez millones de dólares extras. Pero también supone un reto para el madrileño, que tendrá como compañero al alemán Nico Hulkenberg, para mí uno de los mejores pilotos de la parrilla actual, con lo que se despejarán todas las dudas acerca de la competitividad real del español. Además, con las dificultades añadidas que suponen para cualquier piloto integrarse en una estructura desconocida cuando tan sólo faltan cuatro pruebas por disputarse. No le va a ser fácil, pero espero que salga airoso del lance.

Hasta Estados Unidos.

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