Hamilton pierde el ritmo y sufre más que nunca en este comienzo de temporada

D. SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID.

Lewis Hamilton no suele sorprender mucho. El piloto británico afronta cada fin de semana con el mismo guion, tanto dentro como fuera de la pista. Mismos gestos, mismas expresiones, mismo ritmo letal. O al menos así había sido hasta ahora. La temporada 2018 no ha comenzado como él hubiera deseado. Sebastian Vettel se ha convertido por méritos propios en el rival a batir, cuando en la cabeza de todo el mundo estaba previsto que fuera el vigente campeón del mundo quien llevara la voz cantante.

Él mismo lo decía después de la frustrante clasificación que tuvo Mercedes en el circuito de Shanghái: «No sé por qué estamos tan lejos. No podemos seguirles el ritmo». Ferrari ha tomado las riendas del campeonato y Mercedes no ha sabido responder. No sólo Vettel y Kimi Raikkonen han pasado a luchar entre ellos por ver quién es el más rápido -de momento, gana el alemán con soltura-, sino que además ya han superado a los dos pilotos de la escuadra alemana. Valtteri Bottas y Hamilton afrontaban el G. P. de China con la certeza de que eran favoritos: todo en el trazado chino les favorece. Llegaban tras dominar aquí con solvencia. Desde 2012, no ha habido otro color en el primer puesto de la parrilla que no sea el plateado de Mercedes. Sin embargo, esta vez no sólo no salían en la primera posición, sino ni siquiera en la primera fila. Ferrari le endosó a Mercedes un mundo de medio segundo en una Q3 en la que los corredores al volante de las 'flechas plateadas' pasaron a ser meros espectadores. No es la primera vez. Pero en otras ocasiones había sido en terrenos favorables para Ferrari, en trazados con alta carga aerodinámica como Mónaco o Singapur.

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