UNA GRAN OPORTUNIDAD

PEDRO RAMÍREZ

Que no hay favoritos en la Copa del Rey de baloncesto no deja de ser un gran tópico y, aunque es cierto que su palmarés está algo más repartido que el de la Liga española, sigue estando claramente dominado por el Real Madrid y el Barcelona, los dos clubes de fútbol que tanto músculo dan a nuestro deporte y que también tanto lo condicionan.

El Unicaja ya tiene una Copa del Rey en sus flamantes y nuevas vitrinas y cada año comparte con su afición la enorme ilusión de poder añadir otra, porque participar en ella significa haberse ganado el derecho a soñar y porque la Copa es, sobre todo, una gran oportunidad. La oportunidad de arrebatar a los dos grandes un prestigioso título en solo tres días, ante solo tres rivales a un solo partido y en un solo fin de semana, ¿Quién da más? Es la misma competición que ha permitido a muchos clubes no tan grandes (e incluso pequeños), muy especialmente a Joventut y Baskonia, engordar, y de qué manera, sus respectivos palmarés con ocho y seis títulos respectivamente. El doble, en ambos casos, de las ligas que también tienen en su poder; aunque no por eso debemos dejarnos engañar, también aquí suelen ganar los de siempre.

El Real Madrid es el dominador de la Copa del Rey y muy especialmente en esta última etapa superando en títulos al Barcelona gracias a haber conquistado cinco en las últimas seis temporadas después de 19 años en blanco (nunca mejor dicho lo de blanco), todos de la mano de Pablo Laso, un verdadero experto ya en esta competición. Y seguro que no ha sido fruto del azar sino más bien del trabajo bien hecho, un claro reflejo del buen juego que han venido desarrollando en todo este tiempo fundamentado en una adecuada planificación y esa acertada apuesta realizada por el jugador español que tanto les ha reportado. Como los casos de Sergio Rodríguez, que en estas dos últimas temporada ya no forma parte del equipo, Felipe Reyes, Rudy o Llull, la emergencia de su cantera y la eficiente captación de talento, casos del tremendo Doncic, Yusta o Radoncic, la continuidad de jugadores foráneos como Carroll, Taylor, Maciulis, Thompkins, Ayón o Randolph y, por su supuesto, de su gran poder económico y enorme potencial habitual. Pero la Copa del Rey es para ganarla, pocos se van a acordar de los finalistas y mucho menos de los que se quedaron en cuartos o semifinales; hacer una buena Copa del Rey sin ganarla solo genera efímeros recuerdos.

Cuando empiezan los partidos hay que olvidar los presupuestos y el tiempo corre en contra de los favoritos. Empezar con grandes rivales no deja de tener una doble lectura, al Unicaja le ha tocado el que no quería nadie y aunque en esta competición no hay margen de error, contra el Madrid habrá aún mucho menos. Pero, eso sí, la gran responsabilidad y toda la presión será para los madridistas, obligados a ganar sí o sí, y además nos ahorra tener que escuchar por todos lados las dificultades que sin duda tendría el cruce contra el Fuenlabrada. A eso normalmente se le llama presión que, aunque algunos no sepan lo que es, es de lo que siempre intenta huir todo el mundo, que quema en las manos y va de lado a lado en cuanto hay ocasión, la que acaba distinguiendo a los buenos de los muy buenos, a los grandes de los más grandes y explica mejor que nadie lo que en realidad es el éxito. Para muestra, mejor no recordar los chascos, que sin ir más lejos, se ha llevado el Unicaja por culpa de su manejo en esta misma competición en más de una ocasión y cuando se las prometía más felices. Al fin y a la postre hay que ganar los tres partidos; habría, por tanto, que ganarles antes o después.

El Unicaja por su parte progresa adecuadamente y cada día vemos un equipo más fiable y donde poco a poco parece que se va imponiendo la impronta de su entrenador. Consistencia defensiva, equilibrio interior-exterior (como hace años no veíamos), roles bien definidos, más jugadores aportando y enchufados con un liderazgo claro ejercido por Nedovic, dispuesto ya a afrontarlo sin rubor ni miramiento alguno. Un equipo en alza con una plantilla sana y puesta en valor que ofrece margen de confianza y, por qué no, margen para soñar que es de lo que ahora se trata.

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