COSTA DEL GOLF. HOYO 19

TROPIEZOS Y ALEGRÍAS

ALBERTO GÓMEZ / ALEJANDRO DÍAZ

Valderrama no perdona. El trazado gaditano, uno de los campos de golf más icónicos del mundo, se convirtió en una auténtica odisea para los participantes del Andalucía Masters, perteneciente al Circuito Europeo. Incluso Jon Rham, número cinco del mundo y gran favorito del público junto a Sergio García, claudicó ante los vericuetos del recorrido costasoleño. El golfista vasco, que en apenas quince meses como profesional ha irrumpido de forma brillante en el olimpo deportivo, fue víctima de su propia ansiedad. Irreconocible, entregó una tarjeta de 75 golpes, cuatro sobre par, en la segunda jornada del torneo, un resultado que, sumado al tres sobre par del primer día de competición, lo dejó fuera del corte, sin acceso a las dos rondas finales. Rahm, que antes de Valderrama solo había fallado dos cortes en toda la temporada, compareció cabizbajo ante los medios de comunicación, superado por las ganas de hacerlo bien en el primer torneo que disputaba como profesional en España, volviendo a demostrar que en el golf el aspecto mental resulta clave: «Duele el resultado. Era una semana especial y quería jugar bien. Es una pena que sea una de las tres semanas del año en las que no he jugado bien, pero se me pasará. El próximo año volveré con más experiencia». El prometedor golfista, de 22 años, reconoció el cariz psicológico de una actuación irregular, lejos de su buen estado de forma: «Ha sido un tema mental, me he puesto demasiada responsabilidad. Sabía las ganas que tenía la gente de que yo jugara bien y le he dado mucha importancia a cada golpe. Normalmente juego para mí, para ser feliz, pero esta vez ha sido diferente porque jugaba para vosotros, y no ha fluido». Rahm se llevó de Valderrama una sentida ovación del público en el hoyo uno: «Ha sido un momento bonito, aunque me costaba sonreír por la racha que llevaba». Con su tropiezo, muchos han entendido lo complicado que resulta jugar bajo presión. Ha hecho falta que la mayor promesa del golf español desde Ballesteros se derrumbe en casa para que los aficionados, y algunos medios, comprendan a Sergio García, durante años criticado por su falta de regularidad en los momentos decisivos. El de Borriol es ya un golfista maduro que no se deja arrastrar por las emociones, un espejo en el que Rahm y muchos jóvenes deberían mirarse. García ha dado con su victoria un golpe en la mesa para aclarar, por si alguien tenía alguna duda, que sigue aquí. Y tiene hambre de títulos.

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