Los Laureus reconocen a Sergio García casi dos décadas después

Sergio García posa con el trofeo de ganador del Masters de Augusta, principal razón de haber recibido el Laureus. :: getty images/
Sergio García posa con el trofeo de ganador del Masters de Augusta, principal razón de haber recibido el Laureus. :: getty images

El jugador castellonense es nombrado deportista revelación por su victoria en Augusta, misma distinción que obtuvo en el año 2000

ALBERTO GÓMEZ

El golf no para de sonreírle a Sergio García, que aún recoge los frutos de su trabajada victoria en Augusta hace poco menos de un año. El golfista español fue reconocido el mes pasado en Mónaco con el premio Laureus al Deportista Revelación del Año por su victoria en el Masters, el primer 'major' que logra en su carrera tras los 74 que ha disputado hasta ahora. Para alzarse con el galardón, Sergio García se ha impuesto en la votación a la joven sensación del fútbol francés, el delantero del PSG Kylian Mbappé; al campeón del mundo de los pesos pesados, el británico Anthony Joshua; a la tenista letona ganadora de Roland Garros, Jelena Ostapenko; al nadador estadounidense Caeleb Dressel, y a la estrella griega de la NBA Giannis Antetokounmpo.

Este es el segundo premio Laureus que gana el golfista castellonense, tras ser distinguido por la academia de exdeportistas también como el Deportista Revelación del Año en 2000. «Para mí es un sueño y un honor volver a ganar este premio, que ya logré en 2000. Siento no poder estar para no celebrarlo con vosotros», ha declarado Sergio García con un videomensaje, mientras lucía orgulloso el trofeo, que acababa de recibir de manos de su amigo y golfista inglés Ian Poulter. Los otros candidatos españoles (Rafa Nadal, Garbiñe Muguruza, Fútbol Club Barcelona y Real Madrid) se fueron de vacío, siendo Roger Federer la gran estrella de la noche con dos premios.

Era el último verano de los años 90 cuando Sergio García irrumpió, imberbe y descarado, en el olimpo del golf mundial para enseñar a pronunciar la 'ñ' a medio Estados Unidos, en vilo ante la posibilidad de que un desconocido arrebatara el Campeonato de la PGA a Tiger Woods. El por entonces recién estrenado ídolo americano estuvo a punto de sucumbir ante el desparpajo de 'El Niño', que no logró completar la hazaña por un solo golpe pero dejó grabado su apodo, bien pronunciado, entre los aficionados. Casi dos décadas después, poco o nada queda de ese aire adolescente en el de Borriol, ahora un golfista curtido en mil aprietos, victorioso en el combate contra sus propios fantasmas y capaz de conquistar su primer 'major' cuando muchos lo daban por relegado a la sombra de Jon Rahm, cuyo ciclónico aterrizaje en los circuitos profesionales recuerda a los primeros años de García.

Definido durante lustros como el mejor golfista de la historia sin un 'grande', el castellonense llegó a creerse incapaz de inscribir su nombre en un 'major'. Pocas veces el deporte profesional ha contraído deudas tan evidentes como la que el golf mantenía con Sergio García, que en abril rompió el maleficio al proclamarse ganador en Augusta. Ligero de equipaje, el español compite ahora con la calma propia de quien ha cerrado viejas heridas. No es que la chaqueta verde lo haya convertido en un mejor golfista, pero sí en un golfista diferente. En el Andalucía Masters, disputado en noviembre en Valderrama, quedó demostrado. García salió como líder en dos jornadas, la segunda y la última; asistió a las exhibiciones de sus inmediatos perseguidores, como el extraordinario albatros de Joost Luiten; encabezó la tabla durante la vuelta final en solitario y empatado, pero ninguno de esos vaivenes, tan temidos en el pasado, perturbó su trabajada tranquilidad. El español acabó levantando el trofeo.

García ha acumulado en el último año tantos motivos de felicitación que resulta complicado adivinar por qué le dan la enhorabuena; si por su reciente boda, por su próxima y primeriza paternidad, por la distinción como miembro vitalicio del Circuito Europeo o por su épica victoria en Augusta, cuyo eco aún endulza el paladar de los aficionados. El español es número doce de la clasificación mundial, tras salir del 'top 10' hace algunas semanas. En el ranking' le supera solo un español Jon Rahm, segundo. El vasco ha completado una de las mejores incursiones en los circuitos profesionales y se mira ya en el espejo de Sergio como ejemplo de constancia.

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