COSTA DEL GOLF

El hijo mayor de Jiménez sigue sus pasos

Miguel Ángel Jiménez celebra junto a su hijo su última victoria en el circuito sénior. :: sur
Miguel Ángel Jiménez celebra junto a su hijo su última victoria en el circuito sénior. :: sur

«Mi padre es un referente, aunque a veces me choca su forma de ver el juego»

ALBERTO GÓMEZ MÁLAGA.

Acaba de acceder al profesionalismo, pero su nombre es reconocido en todo el mundo. Miguel Ángel Jiménez, el hijo mayor del veterano golfista malagueño, disputó el mes pasado su primer torneo tras una breve pero intensa etapa como 'amateur'. «Juego desde que tengo fuerzas para coger un palo, pero la verdad es que pasar a ser profesional es un salto al vacío», reconoce este jugador de 22 años, consciente de lo difícil que resulta ganarse la vida como deportista de élite y de la avalancha de comparaciones a las que tendrá que hacer frente: «Mi padre es un referente, aunque a veces me choca su forma de entender el juego. Él lo ve de un modo muy puro, con mucha técnica, y yo como algo más atlético».

Jiménez júnior se define como un golfista «valiente», sin miedo de arriesgarse cuando llegan los problemas. «Prefiero estar en medio de la calle, claro, desde una posición sencilla para golpear, pero no me molestan las situaciones complicadas», asegura. Admira a Phil Mickelson «por su imaginación y su habilidad» en el campo, pero no oculta la devoción cuando habla de su padre, que desde hace un par de temporadas combina los circuitos profesionales con los torneos séniors: «Sé que es un ídolo para mucha gente, pero yo lo veo como padre». ¿Y cómo es Miguel Ángel Jiménez en ese papel? «Como padre es más duro que como golfista, aunque yo tampoco he sido un santo. Hemos tenido alguna riña», confiesa entre risas.

Jiménez Bravo comenzó a coquetear con el golf cuando apenas levantaba unos palmos del suelo. «Con dos años ya cogía una cuchara y una bola y se ponía a imitar los 'swings' de su padre», recuerda su madre Montse. Tras estudiar el Bachillerato en Sotogrande, se marchó a Miami, donde acaba de terminar la carrera de Finanzas. «Para nosotros era muy importante que estudiaran una carrera. En Estados Unidos ha trabajado en campos de golf y hasta empaquetando cajas. Es muy independiente y espabilado, tiene mucho carácter», explica Montse, «asombrada» ante el desparpajo de su hijo mayor: «Ahora se ha calmado, pero antes se enfadaba mucho cuando jugaba y las cosas no le salían. Es muy perfeccionista».

Fuera del campo, Miguel se define como un amante de la música («desde la bachata hasta la electrónica») y del baile, aunque deportista sobre todo: «Juego hasta al ajedrez». De pequeño llegó a formar parte de la selección malagueña de fútbol sala, aunque una lesión mientras hacía snow le hizo decantarse por el golf. Su primer trofeo, eso sí, no lo celebrará como su padre, que siempre posa con un puro: «Es su carácter y me encanta que sea así. Hay muchos jugadores que fuman a escondidas por su imagen o por el qué dirán».

Miguel Ángel entrena en la escuela de su padre en Torremolinos y advierte de que la saga no acaba aquí: «Mi hermano pequeño, Víctor, juega mejor que yo cuando tenía su edad». De momento, Víctor tendrá que acabar sus estudios. Es la principal condición. Palabra de Jiménez.

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