HOYO 19

GOLF CON MAYÚSCULAS

ALBERTO GÓMEZ / ALEJANDRO DÍAZ

Hace más de cuatro décadas, la tenista estadounidense Billie Jean King aceptó el reto de su colega Bobby Riggs, que pese a sus 56 años aseguró ser capaz de ganar a cualquier mujer, crecido por su conocida misoginia y por haber derrotado meses antes a la australiana Margaret Court, por entonces número uno mundial. King dio la vuelta a la historia y arrolló a Riggs por 6-4, 6-3 y 6-3 en una exhibición seguida por 90 millones de telespectadores. Más que un partido de tenis, aquello fue un golpe en la mesa para que las deportistas fueran consideradas tan profesionales y tan capacitadas para la competición y sus exigencias como los hombres. La conquista de King resulta fundamental para entender por qué el tenis es el único deporte que ha alcanzado la igualdad salarial entre hombres y mujeres en sus torneos más importantes, incluidas las cuatro pruebas del Grand Slam. El golf aún está lejos de igualar los premios de sus campeonatos, pero la proyección de los circuitos femeninos, especialmente el americano, ha aumentado de forma extraordinaria en los últimos años, de forma similar a la popularidad que el tenis adquirió en los noventa. En España, sin embargo, el golf sigue arrastrando la etiqueta de ser un deporte elitista y excesivamente complicado. «Es mucho más caro hacer surf o esquiar. Falta cultura deportiva, conocimiento. Antes de ir a los Juegos Olímpicos me preguntaron si esto era un deporte», contaba sorprendida el año pasado Marta Figueras-Dotti, precursora del golf español y referente europeo. El auge de este deporte resulta evidente en Estados Unidos y algunos países asiáticos, donde los torneos femeninos aumentan cada año, un crecimiento que en el sur de Europa es mucho más discreto, aunque en algunos países como Francia, donde se disputa uno de los cinco 'majors' de cada año, las mujeres ya atraen a los campos a miles de aficionados. El Open de España femenino que se disputó el mes pasado en Marbella por segundo año consecutivo es un ejemplo del impacto mediático y económico que generan estos campeonatos, aún lejos de las cifras de los circuitos masculinos pero cada vez más atractivos para patrocinadores y público, sobre todo si al excelente estado del campo (Guadalmina, en este caso) como escaparate de la infraestructura andaluza de golf se suma una organización magífica y un resultado redondo como la victoria de Azahara Muñoz. No podía haber salido mejor. Otra vez.

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