«Papá, como no gane...»

Muñoz y su entrenador, Marcelo Prieto, a la derecha, junto al presidente de la RFEG. / A. G.

Azahara Muñoz vuelve a los orígenes tras su flamante victoria en el Open de España

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Sin la frente marchita, sino henchida de satisfacción tras conquistar el Open de España por segundo año consecutivo, Azahara Muñoz ha vuelto con su entrenador de toda la vida, Marcelo Prieto, con quien rompió hace un año para buscar un revulsivo a su carrera. La malagueña se puso a las órdenes de Bob Lohr, jugador retirado del Circuito Americano, pero los cambios introducidos no terminaban de cuajar. Probó entonces con Jorge Parada, entrenador de Suzann Pettersen y Carlota Ciganda, pero tampoco acabó de funcionar. El pasado martes, en la ronda de prácticas, coincidió con Prieto, bajo cuya tutela había logrado auparse al ‘top 15’ de la clasificación mundial y firmar sus mejores resultados. Fue un reencuentro casual; Marcelo pasaba por allí como entrenador de la Real Federación Española de Golf, se saludaron cariñosamente y Azahara le pidió que la acompañara durante la vuelta.

Un campo de referencia para un torneo histórico

El Real Club de Golf Guadalmina recuperó para acoger el Open de España la esencia del legendario diseñador Javier Arana con el objetivo de incrementar el espectáculo de esta competición, encuadrada dentro del Circuito Europeo. Su celebración en la Costa del Sol por segundo año consecutivo, tras la edición de la temporada pasada, disputada en Aloha, ha sido posible por el acuerdo alcanzado entre la Junta de Andalucía, la Diputación de Málaga y la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental. La elección de Guadalmina, campo de reconocido prestigio, renovaba la apuesta por la provincia, uno de los destinos de golf más importantes de toda Europa, y el club ha respondido a la altura, con unas condiciones excelentes. La dirección del campo introdujo algunas modificaciones en el recorrido con la intención de conferirle mayor vivacidad al juego. Así, por ejemplo, el habitual hoyo 18 ha sido el 1, dejando el hoyo 17, par 5, como último hoyo de la competición, más adecuado en caso de un final apretado, aunque Muñoz ganó con solvencia, sin los apuros de 2016, cuando tuvo que remontar a la estadounidense Beth Allen. Por otro lado, en la zona más cercana al mar se dipuso el orden de hoyos que había inicialmente cuando Javier Arana lo diseñó, de manera que el hoyo 10 ha sido el par 3 que discurre en paralelo a la playa, sin duda el hoyo emblemático del campo, que en la actualidad suele ser el 11. En relación con la preparación del campo, se remodelaron los ‘bunkers’, homogéneos y de alta calidad a lo largo de todo el recorrido, una mejora «que ha supuesto un sacrificio para los socios pero que ya ha revertido, porque incluso los han disfrutado antes que las propias jugadoras», explica Ignacio de Cuvillo, director gerente del mítico club.

«Dime qué estoy haciendo mal», pidió la golfista marbellí. Prieto respondió con la sinceridad que destila la confianza («Se te disparan las caderas cuando te pones nerviosa») y propuso ligeras modificaciones técnicas, como pegar a la izquierda. El resto de la historia ya es conocida: Muñoz desplegó durante el campeonato disputado en Guadalmina su mejor juego de la temporada, firmó una ronda épica en la segunda jornada (ocho bajo par) y amarró la victoria el domingo para volver a hacer historia en casa. Esta semana volverán a entrenar juntos, como hicieron durante seis años trufados de éxitos. Mañana trabajarán en el icónico recorrido de Valderrama y sellarán un delicioso regreso a los orígenes propiciado por el Open de España.

El triunfo en Guadalmina cambia los esquemas de la malagueña, que regresa con su entrenador de toda la vida y tumba los miedos de los últimos meses

Después del último hoyo del domingo, la golfista malagueña quedó desbordada por un alud de emociones que dejaba adivinar que no han sido unos meses fáciles. Los problemas derivados de su lesión de muñeca, la apendicitis y los cambios de entrenador hicieron mella en su confianza. La última estocada, su reciente exclusión del equipo europeo de la Solheim Cup, una competición que adora y para la que había sido seleccionada en las tres ediciones anteriores, hizo saltar algún resorte escondido. Muñoz comenzó a jugar mejor, una tendencia constatada durante el Open de España, donde sin duda ha mostrado su versión más brillante de la temporada. Hacerlo en Guadalmina, el campo que la vio crecer, un club donde cada esquina recuerda su condición de socia de honor, ensancha el hito, presenciado por toda su familia. La alegría de sus padres, Pepe y Consuelo, terminó de romper a la jugadora marbellí. «Me hace mucha ilusión ganar, pero más si cabe por ellos», confesó con la voz quebrada, amenazando felizmente su prudencia y compostura habituales.

La celebración se redujo a un almuerzo tardío en familia y una copa de vino blanco ya en casa, además de la costumbre paterna de hacer ondear una bandera de España en el balcón cada vez que la ‘niña’ gana. Poco o nada hay en Azahara de los delirios de grandeza tan comunes entre las estrellas del deporte, aunque cada semana juegue ante miles de espectadores en los torneos más importantes del mundo y sus ganancias en premios superen los cinco millones de dólares. La malagueña, procedente de una familia humilde, tumba el viejo cliché de que el golf es cosa de ricos y consentidos. «No es porque sea mi hija, pero es tan sencilla y cariñosa que todo el mundo se ha volcado con ella en Guadalmina. En el campo le gritaban, con toda la buena intención, que eso ya estaba hecho. Ha sido muy especial», relata su padre.

«Cuando llegamos a casa nos pusimos a recordar cosas y a reírnos. Le pregunté si alguna vez se imaginó, de niña, que iba a ganar un campeonato profesional en su campo. Era inimaginable. La alegría de todos aquí nos emociona. Ha sido un triunfo colectivo», detalla Pepe, que rememora los cientos de viajes de ida y vuelta a Guadalmina cuando Azahara ni siquiera había llegado a la adolescencia y desvela la inquietud de su hija durante toda la semana pasada: «Papá, todo el mundo piensa que voy a ganar, como no gane...». Pero lo hizo.

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