COSTA DEL GOLF

La especialización refuerza el buen estado de los campos andaluces

La mayoría de estos profesionales realiza estudios de ingeniería, principalmente agrónoma. :: sur

La creciente formación de los 'greenkeepers', encargados del mantenimiento y la dirección de los recorridos, impulsa mejoras técnicas y medioambientales

ALBERTO GÓMEZ

Son los guardianes de los campos. Los 'greenkeepers', con una profesión tan desconocida como compleja, velan por el terreno del césped, pero sus funciones van mucho más allá. Se encargan de la dirección técnica de todas las operaciones que tienen lugar en los campos, así como de la coordinación del material, el presupuesto y los empleados. Su perfil es muy variado, pero por lo general cuentan con estudios de ingeniería, principalmente agrónoma. Pero, ¿cuáles son las bases sobre las que se sustenta la labor de un buen 'greenkeeper'? Los expertos coinciden en que deben mantener el campo en las mejores condiciones posibles, de modo que los golfistas disfruten del juego, y realizar continuas mejoras medioambientales. Si se tratara de un equipo de fútbol, el 'greenkeeper' sería una figura similar al entrenador: organiza y coloca a cada componente en su puesto, dirigiendo y supervisando sus movimientos. La alta formación de estos profesionales en la Costa del Sol, referente europeo en infraestructura de campos, ha conseguido reforzar el excelente estado de los recorridos malagueños.

Jaime Ortiz-Patiño, uno de los mayores promotores del golf en España, fallecido en 2013, fue el principal precursor de esta profesión. Les dio visibilidad y evidenció ante el resto de la sociedad que se trataba de un trabajo vital para el crecimiento de este deporte en nuestro país. Su decisiva contribución a que el campo de Valderrama fuera sede de la Ryder Cup en 1997 aún es recordado por los profesionales del sector. El presidente de la Real Federación Española de Golf (RFEG), Gonzaga Escauriaza, valora así su papel: «Mucha gente no lo sabe, pero su labor fue fundamental en el desarrollo de los 'greenkeepers' en España, que hoy está a la cabeza de Europa en este sentido. Fue él quien empezó ofreciendo becas a chicos jóvenes que enviaba a estudiar mantenimiento de campos de golf a la Universidad de Michigan. Luego tomó el relevo la Real Federación Española de Golf, pero la idea e iniciativa fueron suyas».

«Fue un visionario, nunca lo vio como un negocio. Se dio cuenta de que en nuestro país había buenos campos pero no formación universitaria que preparase personal para su mantenimiento», explican algunos de los profesionales consultados sobre el legado de Ortiz-Patiño. El sector dispone de una asociación que constata que la evolución que los 'greenkeepers' han tenido en las últimas décadas está escrita a base de formación y una mayor profesionalización. La ampliación de sus tareas -presupuestos, comunicación con socios y distribuidores, elección y coordinación del personal de mantenimiento, impacto medioambiental- les ha obligado a reinventarse. Las titulaciones específicas cuentan con asignaturas relacionadas con el diseño y la construcción de campos, la botánica, el paisajismo, la hidráulica, la economía aplicada, los riesgos laborales, la jardinería, la mecánica o la gestión medioambiental.

Aunque su perfil es variado, la mayoría de estos profesionales realiza estudios de ingeniería, principalmente agrónoma

Este último punto, la gestión medioambiental, es una de las prioridades de los 'greenkeepers'. Numerosas asociaciones ecologistas han criticado durante años la construcción de campos de golf, una tendencia que ha ido cambiando en los últimos tiempos como consecuencia de que los recursos hidráulicos sean residuales y que los campos se hayan convertido en muchas ocasiones en puntas de lanza en la aplicación de las nuevas tecnologías para proteger el medio ambiente. Además, los recorridos de golf son un freno para la contaminación atmosférica. Un kilómetro cúbico de césped absorbe 120 kilos de dióxido de azufre cada día, y una hectárea puede liberar más de cinco mil metros cúbicos de oxígeno en un año. Los campos también desempeñan una destacada labor antierosiva debido a que provocan la disminución de la escorrentía y contribuyen a la recarga de los acuíferos.

José Miguel Sánchez, director del Jardín Botánico de Málaga y profesor del Máster en Dirección de mantenimiento de campos de golf, cursado por la Escuela Autónoma de Dirección de Empresas, avala el impacto positivo de los campos en sus entornos: «Los campos proporcionan espacios protegidos para fauna y flora, constituyen zonas de almacenamiento de CO2, mejoran la captación de agua y el control de escorrentías y eliminan pesticidas y sustancias químicas. También reducen los ruidos y el deslumbramiento, las plagas y el nivel de polen, así como el número de incendios, ya que funcionan como franjas de protección y seguridad en zonas con peligro de incendio en sequía estival». Sus beneficios, explica, son también sociales: «En una sociedad cada vez más necesitada de espacios para el ocio, los campos son lugares donde se habla, se juega, se compite, y todo ello en un entorno natural de gran valor ornamental».

En la actualidad, los perfiles formativos del 'greenkeeper' son muy heterogéneos, desde ingenieros e ingenieros técnicos principalmente agrónomos, aunque también de otras especialidades, hasta personas autodidactas con años de experiencia en el mantenimiento. En la actualidad, la tendencia es cada vez mayor hacia un perfil con formación más especializada, ya que es un puesto que requiere unas cualificaciones muy específicas. «El colectivo, que por el año 1890 era inexistente, hoy es respetado, sólido, maduro, uniforme y bien preparado», explican desde la Asociación Española de Greenkeepers, donde estos profesionales, que por lo general se han especializado, comparten sus conocimientos entre colegas y con sus equipos, enriqueciendo de cultura de golf al sector. Y manteniendo los campos a punto.

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