UNA COPA DE VINO BLANCO EN FAMILIA

Después del último hoyo, Azahara Muñoz quedó desbordada por un alud de emociones que dejaba adivinar que no han sido unos meses fáciles. Los problemas derivados de su lesión de muñeca, la apendicitis y los cambios de entrenador hicieron mella en su confianza. La última estocada, su reciente exclusión del equipo europeo de la Solheim Cup, una competición que adora y para la que había sido seleccionada en las tres ediciones anteriores, hizo saltar algún resorte escondido. Muñoz comenzó a jugar mejor, una tendencia constatada durante el Open de España, donde sin duda mostró su versión más brillante de la temporada. Hacerlo en Guadalmina ensancha el hito, presenciado por toda su familia. La alegría de sus padres, Pepe y Consuelo, terminó de romper a la jugadora marbellí. «Me hace mucha ilusión ganar por ellos», confesó con la voz quebrada, amenazando felizmente su compostura habitual. La celebración se redujo a un almuerzo tardío en familia y una copa de vino blanco ya en casa, además de la costumbre paterna de hacer ondear una bandera de España en el balcón cada vez que la 'niña' gana. Poco o nada hay en Azahara de los delirios de grandeza tan comunes entre las estrellas del deporte.

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