UN CALVARIO QUE COMENZÓ EN 2015

Quince meses llegó a estar de baja Tiger Woods por unos problemas de espalda que aparecieron en 2015. Pocos antes, el jugador norteamericano había logrado ser número uno incontestable, y solo su amigo Rory McIlroy le amenazaba desde la segunda posición. A mucha distancia estaban los perseguidores. Sin embargo, su espalda empezó a dar molestias y Woods se sometió a las primeras cirugías. Pasó por quirófano varias veces; la última, en abril de este año. Su peor capítulo lo escribió el pasado verano, cuando fue detenido por la policía por conducir bajo los efectos de la medicación. Él alegó que había sido una reacción medicamentosa. La foto de la detención trascendió a los medios y se hizo viral en las redes. Su rostro mostraba la mirada perdida. Pero Tiger Woods ganó la partida el fin de semana pasado. Aquel rostro no parecía el de la misma persona. Woods sonreía y bromeaba en cada una de sus comparecencias ante la prensa. Propios y ajenos quedaron sorprendidos con el juego que mostró el Tigre. Como dijo McIlroy hace un mes, Tiger Woods no tiene que demostrar nada a nadie a estas alturas de su carrera. Pero Woods ha querido hacerlo. Ha demostrado que su leyenda continúa.

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