HOYO 19

ANTIGUOS PREJUICIOS

ALBERTO GÓMEZ / ALEJANDRO DÍAZ

Desde finales de la década de los ochenta hay una preocupación generalizada por el impacto de los campos de golf sobre el medio ambiente. Varias comunidades autónomas españolas redactaron una normativa que permite controlar la incidencia de estos recorridos sobre dos aspectos fundamentales: las transformaciones paisajísticas y la procedencia del agua consumida. Las evaluaciones de impacto ambiental y el uso cada vez más generalizado de aguas depuradas contribuyen a minimizar los efectos sobre el entorno de estas instalaciones, que constituyen una interesante oferta turística de calidad sin estacionalidad. La Junta de Andalucía, la Diputación de Málaga y la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol apuestan por la sostenibilidad, por el uso de agua no apta para el consumo humano y por aumentar la calidad del destino. La pregunta está abierta: ¿puede un campo de golf ser ecológico? Si juzgamos por la opinión general, sobre todo desde la perspectiva que de forma automática equipara este deporte con el elitismo, el derroche de agua o la especulación inmobiliaria, desde luego que no. Pero hay muchos más argumentos tras esos antiguos prejuicios. Más del 70 por ciento de la mayoría de los campos está compuesto de 'rough' y de áreas no destinadas al juego que presentan pastos naturales, árboles, arbustos y otras plantas. Combinado a las áreas abiertas de los 'fairways' y los 'tees', el campo resulta un hábitat atractivo para la vida silvestre. El césped protege al suelo de la erosión del agua y el viento, mantiene más fríos los objetos durante un día caluroso, reduce la contaminación sonora y minimiza el resplandor de la luz solar en forma más efectiva que las superficies de cemento y los edificios. Además, muchas comunidades han aprendido que el césped es una excelente elección para restaurar áreas dañadas por depósitos de basura, minas, canteras y áreas abandonadas. Estas cicatrices del paisaje pueden transformarse creando campos de golf, parques o áreas naturalizadas que ofrezcan espacios verdes para la recreación y el bienestar de la comunidad. En definitiva, bien legislada, la construcción de campos de golf puede ser sostenible e incluso beneficiosa para el medio ambiente, lejos, eso sí, de la especulación urbanística de las últimas décadas. La sostenibilidad de los campos resulta tan importante para el futuro de este deporte como su fomento entre los más jóvenes o la promoción en citas internacionales.

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