Diario Sur

COSTA DEL GOLF

El golf femenino reclama su sitio

Lydia Ko es la actual número uno del mundo pese a su juventud. :: sur
Lydia Ko es la actual número uno del mundo pese a su juventud. :: sur
  • El desarrollo de este deporte en Estados Unidos y Asia impulsa su práctica en Europa, aún con pocos torneos profesionales

Hace más de cuatro décadas, la tenista estadounidense Billie Jean King aceptó el reto de su colega Bobby Riggs, que pese a sus 56 años aseguró ser capaz de ganar a cualquier mujer, crecido por su conocida misoginia y por haber derrotado meses antes a la australiana Margaret Court, por entonces número uno mundial. King dio la vuelta a la historia y arrolló a Riggs por 6-4, 6-3 y 6-3 en una exhibición seguida por 90 millones de telespectadores. Más que un partido de tenis, aquello fue un golpe en la mesa para que las deportistas fueran consideradas tan profesionales y tan capacitadas para la competición y sus exigencias como los hombres. La conquista de King resulta fundamental para entender por qué el tenis es el único deporte que ha alcanzado la igualdad salarial entre hombres y mujeres en sus torneos más importantes, incluidas las cuatro pruebas del Grand Slam.

El golf aún está lejos de igualar los premios de sus campeonatos, pero la proyección de los circuitos femeninos, especialmente el americano, ha aumentado de forma extraordinaria en los últimos años, de forma similar a la popularidad que el tenis adquirió en los noventa. En España, sin embargo, el golf sigue arrastrando la etiqueta de ser un deporte elitista y excesivamente complicado. «Es mucho más caro hacer surf o esquiar. Falta cultura deportiva, conocimiento. Hace dos meses, antes de ir a los Juegos Olímpicos, me preguntaron si esto era un deporte», cuenta sorprendida Marta Figueras-Dotti, precursora del golf español y referente europeo. Recién nombrada vicecapitana del combinado que dirigirá Annika Sorenstam en la Solheim Cup, versión femenina de la Ryder, Figueras-Dotti recuerda que cuando comenzó a jugar torneos 'amateurs' en los setenta era considerada un bicho raro: «Siempre hemos ido por detrás y aún falta mucho camino por recorrer, pero la evolución ha sido importante. El golf femenino está creciendo».

El auge de este deporte resulta evidente en Estados Unidos y algunos países asiáticos, donde el impacto económico y mediático de los torneos femeninos aumenta cada año, un crecimiento que en el sur de Europa es mucho más discreto, aunque en algunos países como Francia, donde se disputa uno de los cinco 'majors' de cada año, las mujeres ya atraen a los campos a miles de aficionados. El Open de España femenino que se disputó el mes pasado en Marbella es un ejemplo del impacto mediático y económico que generan estos campeonatos, aún lejos de las cifras de los circuitos masculinos pero cada vez más atractivos para patrocinadores y público. Perteneciente al Circuito Europeo, el segundo más importante del mundo tras el 'tour' americano, el torneo reparte 300.000 euros en premios, una cantidad muy inferior a los dos millones de euros que ofrece el Open de España masculino, disputado en Valderrama este año.

El histórico apoyo que varias marcas como Banesto, Rolex, Seguros Reale o Lacoste prestan al golf femenino en España ha servido como aliciente para otras firmas que se han decidido a esponsorizar este deporte en los últimos años, pero la mayoría de acuerdos se suscriben en torno a torneos 'amateurs' o pertenecientes a categorías infantiles y juveniles. La raquítica programación de torneos profesionales en Europa, agravada por la crisis, provoca que las mejores jugadoras acaben mudándose a Estados Unidos. Es el caso de Azahara Muñoz, que ha llegado a ocupar la duodécima plaza de la clasificación mundial.

Escasez de campeonatos

La golfista malagueña se instaló de forma definitiva en Florida hace cuatro años. Frente a la escasez de campeonatos europeos, el Circuito Americano programa cada semana uno o dos torneos, con premios mucho más cuantiosos. No en vano, Muñoz ha ganado más de 4,4 millones de dólares en premios del 'tour' estadounidense y 450.000 euros en los torneos europeos. La diferencia es notable. «Tienes que estar entre las diez mejores del Circuito Europeo para ganarte la vida cómodamente, mientras que en Estados Unidos hay mucho más dinero en juego», explica Figueras-Dotti, guardiana de los secretos de las mejores golfistas españolas, a quienes capitaneó en los Juegos Olímpicos.

La diferencia salarial es un reflejo de la popularidad del golf, que varía por países. Tanto Muñoz como Carlota Ciganda, otra española en la élite mundial, están acostumbradas a jugar ante miles de espectadores en Asia y Estados Unidos, una afluencia que baja de forma considerable en la mayor parte de Europa. «Cuesta conseguir patrocinadores», reconoce el presidente de la Federación Andaluza de Golf, Ángel de la Riva, que recuerda que hace treinta años «apenas había chicas que jugaran». La inclusión de la categoría femenina en el interclubs de Torrequebrada, en Málaga, resultó clave para que los campos andaluces comenzaran a promocionar el golf también entre las niñas.

La golfista sueca Annika Sorenstam, probablemente la mejor jugadora de la historia, se inscribió en 2003 en un campeonato masculino. Aunque no pasó el corte, superó con éxito el reto tras finalizar el recorrido del Colonial de Texas con 71 golpes, uno sobre par. El eco de aquel hito, alimentado a diario por el trabajo del LPGA y el Circuito Europeo, aún requiere algunos años para terminar de materializarse en un impulso definitivo al golf femenino. Al fin y al cabo, Billie Jean King necesitó más de cuatro décadas para que el tenis profesional atendiera sus reivindicaciones.