La Rosaleda, roja y gualda

La Rosaleda colgó el cartel de completo./Fernando González
La Rosaleda colgó el cartel de completo. / Fernando González

La pasión por la selección desbordó todas las previsiones y creó un ambiente espectacular en el estadio, donde los aficionados animaron incansables al equipo nacional y en particular a Isco, su jugador favorito

FERNANDO MORGADO

Por un día La Rosaleda dejó de ser blanquiazul para pintarse de rojo y gualda. Además, la transformación fue total, no solo porque el estadio se ‘vistiese’ de escenario de un partido internacional, sino también porque el lleno apenas dejaba a la vista alguna de las butacas con los colores del Málaga. La visita de la selección nacional, que no pisaba Martiricos desde 2012, merecía que los malagueños respondieran a la convocatoria como lo hicieron, de forma masiva.

Había muchas ganas de ver a La Roja en la capital de la Costa del Sol, no solo por el partido en sí, sino también por el componente de atracción itinerante que tiene el combinado nacional. Eso atrajo a muchas familias al campo, y el choque amistoso se convirtió seguramente en la primera experiencia de muchos para muchos niños malagueños, que correspondieron con más o menos atención al regalo de sus padres.

Nadie quiso perderse ningún momento de la noche, que estuvo repleta de ovaciones; la primera, al retirarse los jugadores españoles del calentamiento. El público dio buen uso a las banderas repartidas en cada asiento. Se agitaban al unísono a la más mínima ocasión, como durante el anuncio por megafonía de la alineación titular de España. Ya entonces, por si había alguna duda, quedó claro quién iba a ser el protagonista de la noche, el favorito de los espectadores: Isco. Lamentablemente, también se señaló al ‘malo’ de la película, aunque los pitos a Piqué se fueron mezclando con aplausos conforme pasaban los minutos y los que optaban por dotar al encuentro de un espíritu conciliador se imponían a los contrarios al jugador del Barcelona.

Entre tanto rojo y gualda, quedó sitio para varias banderas de Costa Rica, que se multiplicaron al sonar el himno del país centroamericano No fue una buena noche para los seguidores ‘ticos’, pero sí para los vendedores de bocadillos y palomitas, a los que la hora del encuentro les vino de perlas. Muchos en las gradas no pudieron esperar al descanso para dar cuenta de la cena.

Ya con los equipos sobre el campo hubo aplausos para todos: para Isco, para Sergio Ramos, que se acercó a la esquina de Preferencia con Gol para saludar a los aficionados, e incluso para el detalle de la organización de incluir a Chiquito de la Calzada en el minuto de silencio como homenaje a Feliciano Rivilla y Manolo Sanchís.

Personajes

Este tipo de citas suelen atraer a personajes variopintos, algunos ya míticos, como Manolo el del bombo, al que se pudo seguir la pista por todo el estadio, y otros recién llegados desde más allá de nuestras fronteras. Es el caso de Ebolo Ngala, un congoleño que vive en Jerez y pasea una pancarta que dice «España me da de comer, España no es racista» en cada partido de la selección desde 2015.

El monólogo de España hizo que la grada tuviera que recurrir a cánticos y trucos para no aburrirse. Nada que no arreglara una ola, unos ‘olés’ o un «¡Que viva España!» a pleno pulmón. Muchos acabaron la fiesta antes de tiempo para salir con mayor rapidez del estadio, mientras que otros aguantaron incluso hasta el calentamiento post-partido para intentar hacerse con algún recuerdo de los jugadores.

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