Fernando Hierro, el 'fontanero' de los éxitos que sólo piensa en fútbol

El malagueño Fernando Hierro. /Efe
El malagueño Fernando Hierro. / Efe

Experto en aunar voluntades, el malagueño ha dado el paso tras verse respaldado por los jugadores

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Ayer martes fue un día muy duro para Fernando Hierro. El director deportivo de la Federación Española se enteró cinco minutos antes del comunicado oficial del Real Madrid de que su amigo Julen Lopetegui, por el que había apostado años atrás para que fuera seleccionador de las categorías inferiores, lo dejaba muy expuesto. A él y también a la propia Federación. Apenas veinticuatro horas después el malagueño accede al cargo de máximo responsable del equipo nacional, aunque después de verse respaldado por los jugadores.

Fernando Hierro, el más pequeño de una saga futbolística de Vélez-Málaga, siempre ha demostrado tener una inteligencia que le ha permitido convertirse en líder. Dentro y fuera de los terrenos de juego. Su capacidad para aunar voluntades es la gran virtud que atesora, esa que lo convirtió en el indiscutible capitán del Real Madrid y de la selección, y más tarde en el 'fontanero' de los éxitos del equipo nacional. Y no sólo en categoría absoluta.

Uno de sus mejores amigos lo definió años atrás: «A Fernando le gusta que todo esté ordenado, estar preparado para cualquier situación«. Quizá por eso dejó un suculento contrato en el Málaga cuando intuyó el punto de inflexión en el proyecto del jeque Abdullah Al-Thani. Semanas antes casi se había dejado la vida para conseguir la licencia UEFA que permitiera jugar competición europea (el equipo blanquiazul luego disputó la Champions). Y meses después de su salida, cuando aquel Málaga jugó por primera vez en Madrid, Manuel Pellegrini y la plantilla lo invitaron a cenar con el equipo en un conocido restaurante.

A Hierro le toca ahora saltar a la arena. Hasta que tuvo su única aventura en los banquillos, en el Oviedo -donde recibió muchas promesas-, siempre le había gustado estar en un segundo plano. En su etapa como jugador apenas concedía entrevistas porque consideraba que se hablaba poco de fútbol y mucho de las cuestiones que hacen más ruido. Y quizá por su mentalidad futbolística -siempre le gustó jugar más como centrocampista que en la cobertura- no se mostraba precisamente a la defensiva cuando entendía que las críticas no eran justas.

Hierro siempre ha contado con el fervor de la gente del fútbol, de los profesionales. Esa virtud le permitió llegar a la dirección deportiva de la Federación Española, donde pronto trasladó su capacidad para aunar voluntades. El malagueño estaba encima de todo y controlaba al máximo el trabajo de los jugadores de todas las categorías, pero siempre con una plena confianza en los técnicos. Su pasión por el fútbol no tiene límites y perfectamente puede conocer a cualquier jugador hasta de Segunda B. Pero cuando vio que en la Federación faltó orden decidió marcharse.

Él ya sabía que el 'caso Lopetegui' podía tener consecuencias y que podía desembocar en la destitución del seleccionador. Y él sabía que iba a ser el máximo candidato a coger las riendas si el presidente de la Federación, Luis Rubiales, tomaba la decisión que le rondaba en la cabeza desde que se sintió traicionado. Hierro ha tomado las riendas, pero antes ha sido claro con los jugadores. Ha conversado con ellos para ver sus caras. Se ha sentido respaldado absolutamente por un grupo de futbolistas con el que mantiene una estrecha relación y por eso ha dado el paso al frente. Igual que cuando hacía una férrea defensa del colectivo en la convulsa etapa de Javier Clemente. Nunca ha rehuido los retos.

Ni siquiera cuando era aquel chico escuchimizado que dejó su Vélez-Málaga natal para tratar de crecer en la fría Valladolid a la sombra de su hermano Manolo. El comienzo de una carrera plagada de éxitos y marcada por el respeto de su profesión.

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