La noche del llanto de Messi y del insomnio de Cesc

Grandes amigos, hoy rivales, los dos sufrieron el KO ante el Chelsea en el último precedente, si bien la historia de la ida ya no se pareció en nada

P. R. .

barcelonaCuando Antonio Conte estaba en la cuerda floja hace unas semanas por el pésimo inicio del Chelsea en 2018, en el Barça muchos se echaron las manos a la cabeza. La posibilidad de un técnico interino y de una autogestión del vestuario en el equipo inglés inquietaba más de cara a los octavos de final de la Liga de Campeones que un proceso normal de irregularidad en el fútbol sin cambio de entrenador. La culpa de ese temor la tenía el último precedente en los pulsos entre los dos clubes, en las semifinales de la temporada 2011-12, cuando los 'blues' eliminaron al impresionante Barça de Pep Guardiola con Roberto di Matteo de marioneta en el banquillo y los Terry, Lampard y Drogba tomando las decisiones tras la destitución de André Villas-Boas. En esta ocasión, la afición de Stamford Bridge frenó los impulsos de Román Abramovich al mostrar su apoyo a Conte como reconocimiento a la Premier League conquistada la pasada campaña con brillo. Si ha sido mejor o peor para el Barça se sabrá hoy.

El desarrollo de estos octavos de final no tiene nada que ver, de momento, con el de aquella semifinal. El Barça, que era vigente campeón, fue muy superior en 2012, tanto en la ida en Londres (1-0) como en la vuelta en el Camp Nou (2-2), pero entre ambos partidos falló no menos de 20 ocasiones claras de gol, incluido un penalti de Leo Messi al travesaño de Petr Cech que hubiese supuesto el 3-1 en la vuelta ante un Chelsea con diez por roja a Terry. Busquets e Iniesta ya habían remontado con sus goles en la primera parte, pero Ramires acortó distancias. La segunda parte fue un acoso del Barça, pero tras el postrero gol del 'Niño' Torres en una contra, el Camp Nou ovacionó a unos jugadores hundidos. Sirvió como despedida de Pep Guardiola.

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