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Lopetegui se va de mala manera

Obsesionado con no perder el tren del Real Madrid, el técnico de Asteasu sacude los cimientos de la selección anunciando su marcha a 72 horas del debut en el Mundial

Lopetegui, con Rubiales y Sergio Ramos, su gran valedor blanco, baja del avión al llegar a Krasnodar hace seis días./EFE
Lopetegui, con Rubiales y Sergio Ramos, su gran valedor blanco, baja del avión al llegar a Krasnodar hace seis días. / EFE
JON AGIRIANO
JON AGIRIANO

En los días previos a un Mundial, hay un objetivo que comparten todas las selecciones: la tranquilidad. Que nada perturbe al seleccionador y a los jugadores en las vísperas del gran momento. Esto se ha convertido en una obsesión, de ahí, entre otras cosas, que los periodistas tengamos ahora un acceso tan restringido y milimetrado a los futbolistas. Hace mucho que quedaron atrás los viejos tiempos despreocupados en los que uno podía encontrarse con los jugadores en la recepción del hotel o a la hora del desayuno. Ahora saltarían hasta las alarmas de incendio. Los cuarteles generales de la selecciones se han convertido en una mezcla de búnker y monasterio de clausura. Y todo por la sagrada tranquilidad.

Lo vemos cada día. Cualquier pequeño detalle que resquebraje, aunque sea mínimamente, la concentración máxima que requiere la gran empresa de la Copa del Mundo es denunciado y visto con enorme recelo. Hasta los propios futbolistas se cuidan mucho de hablar de su futuro personal, de renovaciones o posibles cambios de destino. Lo hacen a veces, empujados por los medios, pero casi siempre a regañadientes, con la sensación viscosa de que están siendo inoportunos. Sencillamente, una concentración de Mundial no es el momento de hablar de uno mismo, sino de volcarse en el grupo, en el compromiso colectivo. Las cosas ya se andarán después, cuando toque.

Pues bien, todo esto ha saltado por los aires este martes en Krasnodar. Había sido un día plácido, un entrenamiento sin incidencias en el que comenzó a participar Carvajal. Había que fijarse en eso. O en Piqué, recuperado ya de sus molestias. Todos pensábamos en el partido contra Portugal y especulábamos sobre el equipo. ¿Todos? No. Había una excepción. Julen Lopetegui pensaba en que iba a ser el próximo entrenador del Real Madrid, que muy pronto iba a poder cumplir su sueño profesional. Y hay que suponer, porque entra dentro de la lógica más elemental, que este fichaje imprevisto había ocupado su mente en los últimos días. ¿Cuánto? Eso solo lo sabrán él, Florentino Pérez y el representante del técnico de Asteasu, Jorge Mendes, el factótum de esta operación que cayó como una bomba nuclear en la concentración de la selección española.

El daño ya está hecho y será a partir del viernes cuando podamos empezar a evaluar su cuantía. Pero el estado de shock en La Roja es evidente. Hay que imaginar el impacto que habrá tenido la noticia en Luis Rubiales, el nuevo presidente de la RFEF, que hace unos pocos días se fotografiaba muy sonriente con Lopetegui tras anunciar su renovación hasta 2020. Quién le iba a decir que, a 72 horas del debut mundialista, su gabinete de prensa iba a tener que enviar un mensaje apresurado anunciando la «desvinculación del seleccionador nacional una vez que finalice la participación de España en el campeonato del mundo de Rusia», informando que la Federación recibirá «el pago de su cláusula de rescisión» (2 millones) y pidiendo «el máximo respeto para mantener la normalidad en la concentración». Habrá que ver la cara de Rubiales este miércoles, a partir de las diez y media, hora española, cuando comparezca en rueda de prensa con el seleccionador.

22 de mayo. Lopetegui, escoltado por Rubiales y Hierro, el día de su renovación hasta 2020.
22 de mayo. Lopetegui, escoltado por Rubiales y Hierro, el día de su renovación hasta 2020. / Efe

El peor momento posible

Es fácil imaginar cómo discurrirá. Será un protocolo perfectamente medido. El presidente de la RFEF reconocerá que lamenta lo sucedido pero que respeta la decisión del seleccionador. Y por supuesto, pedirá que el tema se olvide para que España pueda concentrarse al máximo en su objetivo. Lopetegui, por su parte, explicará que era una oferta irrechazable y que su fichaje por el Real Madrid no influirá en absoluto en su trabajo con la selección. En fin, diplomacia y buenas palabras. Eso sí, fuera, entre los jugadores y todo el entorno de la selección, un polvorín. Justo lo que Lopetegui nunca hubiera deseado que sucediese si no fuera él quien ha hecho que suceda.

Lo cierto es que, tras dos años de buenos resultados, el entrenador guipuzcoano se va de mala manera, en el peor momento posible. Bien mirado, toda su carrera como técnico ha sido un poco extraña y paradójica. Lo es llegar al Real Madrid, es decir, a lo más alto, habiendo dirigido solo dos temporadas en Primera, al Oporto. En España únicamente trabajó en las categorías inferiores de la selección y unos pocos partidos en el Rayo, en Segunda. Hay que suponer que los internacionales madridistas, que le conocen bien, habrán tenido algo que ver en su elección. Y hay que suponer también que Lopetegui, ambicioso como es, habrá pensando que, por inoportuno e incluso irresponsable que pueda ser y parecer, no hay que mirar la hora en la que se coge un tren que quizá solo pase una vez en la vida.

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