El Mundial de Putin

Rusia albergará el próximo verano un evento único por su multiculturalidad y las enormes distancias entre sus sedes

IGNACIO TYLKO MADRID.

La inabarcable Rusia, el país con la mayor extensión del mundo, 34 veces más grande que España, acogerá entre el 14 de junio y el 15 de julio el primer Mundial de fútbol de su historia, el certamen más multicultural de los conocidos y el de mayor distancia entre sus sedes. Como hace cuatro años en Brasil, evento de infausto recuerdo para La Roja de Del Bosque, 32 selecciones competirán en 64 partidos en busca de una copa que Alemania tiene en sus manos. El Luzhniki de Moscú alzará y bajara el telón de un torneo repartido por doce estadios y once ciudades.

El gran país de Vladímir Putin se mostrará al mundo a través de localidades tan distantes y diferentes como la capital moscovita, San Petersburgo, Sochi, Ekaterimburgo o Kaliningrado, una extrañeza histórica y geográfica porque limita con Polonia y Lituania, ambos pertenecientes a la Unión Europea, pero no, precisamente, con Rusia. Nada menos que una inversión de 13.200 millones de dólares, al cambio más de 11.000 millones de euros, que, según el Kremlin, se amortizarán con creces desde el punto de vista social y económico, aunque los analistas financieros han expresado serias dudas sobre este negocio.

Bajo unas medidas de seguridad extraordinarias, Alemania y Brasil volverán a partir, como siempre, entre las favoritas a un título con el que sueña la Argentina de Messi y al que también aspira sin alzar la voz la nueva España de Lopetegui. Inglaterra, Francia y Portugal se sienten igualmente con el derecho a formar parte del elenco de candidatos a alzarse con la Copa que acredita al ganador de un torneo en el que se estrenan Panamá e Islandia y al que regresan Polonia, Perú, Marruecos, Egipto y Senegal.

Entre favoritos, 'outsiders' y cenicientas tratarán que hacer olvidar ausencias tan sonadas como las de Italia, el único campeón mundial que faltará a la fiesta; Chile, ganador de las dos últimas Copas América; Holanda, tres veces subcampeona universal pero ausente ya de la última Eurocopa, y Estados Unidos, un clásico aunque no termina de explotar como potencia.

La Roja, encuadrada en un grupo aparentemente asequible ante Portugal, Marruecos e Irán, conocerán de primera mano el mosaico cultural, paisajístico, climático y gastronómico de Rusia ya en sus tres partidos de la primera fase. Poco menos de 1.700 kilómetros separan la báltica Kaliningrado del parque olímpico de Sochi, y entre la cálida orilla del Mar Negro y las calles de Kazán, en la República de Tatarastán, hay otras dos horas de vuelo. Salvo hecatombe, después tocará viajar a la lejana Moscú, donde España podría preseguir su recorrido hasta la final.

Cada sede mundialista albergará al menos cuatro partidos y Moscú será el foco principal, con 11 enfrentamientos distribuidos en dos estadios.A día de hoy, Rusia es asequible para la economía española: un billete de metro o autobús vale 55 rublos, 0,80 euros al cambio, un café, una cerveza o un refresco no superan los dos euros y una habitación doble de un hotel más que aceptable ronda los 60 euros. Pero sabido es que el negocio de un Mundial todo lo cambia y los precios se disparan. La duda es si los rusos obrarán el milagro de convertir también para los turistas el agua en vodka, su bebida nacional.

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