Sin margen de error y sin defensas

Cristiano Ronaldo, ayer. :: j. j. guillén. efe/
Cristiano Ronaldo, ayer. :: j. j. guillén. efe

El Real Madrid recibe al Sevilla diezmado en su zaga y obligado a vencer para no descolgarse de forma definiitva en la lucha por el título

ÓSCAR BELLOT MADRID.

Lo dice Zinedine Zidane, lo da por bueno Florentino Pérez siempre y cuando se rinda el merecido respeto a Alfredo di Stéfano, lo vocea a los cuatro vientos el aludido sin embozo y hasta lo asume Mourinho, quien hace cuatro años le mandaba recados a través de la prensa presumiendo de haber entrenado al Ronaldo «de verdad», al que se apellidaba Nazario, tras una conclusión de su relación profesional con el llamado Cristiano llena de tiranteces, y que ahora le coloca a la altura de Messi, Maradona, Pelé, Best y Eusébio. El Santiago Bernabéu verá hoy al autoproclamado «mejor futbolista de la historia». Al menos, ya que en cuestiones de apreciación todas las opiniones son válidas, al único, junto al rosarino, que atesora cinco Balones de Oro.

A la siempre insatisfecha voracidad del '7' y a su reforzada moral tras otra jornada de loas se encomienda el Real Madrid para vencer al Sevilla, la víctima predilecta del luso, que le ha hecho 25 goles en diecisiete partidos, en lo que se ha convertido en una nueva final a principios de diciembre por obra y gracia del irregular curso liguero de los blancos. Un reto que habrán de afrontar, además, con una zaga llena de remiendos por las bajas encadenadas en los últimos días.

Sin los sancionados Carvajal, Sergio Ramos y Casemiro ni el lesionado Varane, Zidane tendrá que hacer encaje de bolillos para poblar su retaguardia. En su ayuda acude Vallejo, que forzará pese a arrastrar molestias musculares toda la semana. Con sólo tres partidos y 269 minutos en sus piernas vestido de blanco, el maño afrontará su primera gran prueba de fuego en el coliseo de la Castellana como acompañante de Nacho, el que nunca falta, el que siempre cumple y que tan pronto sirve para un roto que para un descosido, el polo opuesto a Bale, que pese a completar con el grupo parte de la sesión de ayer tampoco se vestirá de corto ante el Sevilla y quién sabe si lo hará en el Mundialito. Por si hubiera algún otro percance, el castillista Manu Hernando aguardará su turno en el banquillo. Achraf y Marcelo completarán una defensa que pocas veces se vio tan enferma y que tendrá que frenar las acometidas del Sevilla, un conjunto que, como el vigente campeón, estará el lunes en el bombo de octavos de final de la Champions League.

Empatados a puntos, pero con el Real Madrid cuarto merced a su mejor diferencia de goles, hispalenses y madrileños no quieren perder comba en la persecución de Barcelona, Valencia y Atlético. Especialmente delicado se presenta el duelo para los merengues, que precisan de otra inyección anímica antes de viajar a los Emiratos Árabes, donde la próxima semana intentarán revalidar su corona en el Mundial de Clubes. Reclamó por ello Zidane la ayuda de su parroquia. «Es un día importante y queremos a la gente con nosotros. Los que quieren mucho a sus jugadores y al club no se olvidan de lo que han hecho. Que vengan a ayudar del minuto 1 al 90. Vamos a ganar seguro de esta manera».

El galo, que niega que la titubeante marcha de su equipo se deba a una posible relajación de sus futbolistas tras los cuatro títulos cosechados este año, se muestra confiado en que los seis meses que restan de temporada «serán más interesantes». Aunque ello, al menos en lo que atañe a la Liga, pasa por ganar al Sevilla y posteriormente al Barça en el clásico del 23 de diciembre, con la bala en la recámara del partido ante el Leganés aplazado por el viaje a Abu Dhabi.

Con Benzema

Rehabilitada la imagen de la 'unidad B' ante el Dortmund, algunos de sus integrantes tendrá oportunidades. Kovacic y Marcos Llorente se disputan la vacante que deja Casemiro como medio centro de contención en una medular a la que volverá Kroos junto a Modric e Isco. Benzema formará nuevamente arriba con Cristiano pese a la buena racha de Mayoral.

Consciente de que lo diezmado de la defensa blanca abre nuevas perspectivas, pero sabedor de que para aprovechar las bajas será preciso encarar el choque con la máxima intensidad, el Sevilla llega al Santiago Bernabéu tras dejar una pobre sensación ante el Maribor en Eslovenia pero con el ánimo dulcificado por el billete continental. Lo reconoció Ernesto Marcucci, ayudante del convaleciente Eduardo Berizzo y sustituto temporal de su compatriota en el banquillo, aunque avisó que «la inercia no gana partidos» y que la de este sábado será «una historia nueva, difícil de afrontar».

La escuadra andaluza, que sigue convulsionada por el 'caso N'Zonzi', ha sumado nueve puntos en las tres últimas jornadas, aunque Marcucci intentó contener ayer las expectativas al señalar que hay «tener más que nunca los pies sobre la tierra» y recordar que el objetivo del club es «estar entre los cuatro primeros», lo que no cambiará suceda lo que suceda en el feudo blanco, donde el Sevilla ha hincado la rodilla en sus diez últimas visitas.

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