El listón insuperable de Quini

El listón insuperable de Quini

Julio Salinas, con 18 goles, fue el que más se aproximó y David Villa, en Segunda, el único que anotó 20 dianas en una Liga Desde que 'El Brujo' fue traspasado, ningún delantero fichado igualó sus estadísticas

Manuel Rosety
MANUEL ROSETYGijón

La figura de un delantero centro goleador es uno de los quebraderos de cabeza de los directores deportivos del Sporting desde que en el verano de 1980 se produjo el traspaso de Quini al Barcelona.

Antes de que Jesús Barrio convenciera a Carriega para que diera la alternativa a un espigado interior que estaba en el desparecido Ensidesa, el Sporting había tenido en sus alineaciones legendarios delanteros que eran la referencia del juego del equipo. Pío marcaba las diferencias en los años 40 y Prendes, en los 50. Ricardo mantiene el récord goleador de Segunda División, con 46 goles en una temporada, la del ascenso de 1957. Solabarrieta deleitaba en la década de los 60 con los goles más inverosímiles que se recuerdan. Su marcha coincidió con la llegada de Quini al primer equipo.

El listón de 'El Brujo', el mejor goleador de la historia del Sporting y del fútbol asturiano, sigue muy alto. En Segunda, en media temporada anotó quince tantos en la campaña de su debut. En los ascensos de 1970 y 1977 marcó 24 y 27 goles, respectivamente. En Primera, en cuatro de las nueve temporadas de su primera etapa rojiblanca superó la veintena de goles.

Los sustitutos de Quini se encontraron casi siempre con algunos inconvenientes. El portugués Fernando Gomes fue el primero, pero una tendinitis y unos tratamientos inadecuados amargaron su etapa rojiblanca. La falta de adaptación influyó en jugadores como el balcánico Savic, recomendado por Boskov, con algunos fracasos estrepitosos, como el del argentino Rinaldi, que se fue sin estrenarse, o el uruguayo Wilmar Cabrera, quien se despidió de Gijón con sólo dos tantos.

El mejor ariete de todos los sustitutos del puesto de Quini fue Julio Salinas, quien anotó 18 goles en una temporada que acabó con apuros para la permanencia, en la que Novoa suplió a Rezza en el banquillo. A la siguiente campaña, sin la confianza de Floro, el bilbaíno se marchó a Japón antes de acabar la primera vuelta. Luhovy fue el siguiente más efectivo, aunque sólo una temporada, porque a la siguiente se negoció su baja.

También se dejó notar el mexicano Flores, pero las limitaciones económicas impidieron su continuidad en Gijón. Pier, con once tantos en una Liga, fue el elegido para la imagen corporativa de las campañas del club, pero coincidió con una polémica ruptura unilateral de su contrato para irse al Betis. El canario Narciso tuvo una buena temporada, de la mano de García Cuervo en el banquillo.

Después de Quini, en ningún caso hubo goleadores que superaran el listón de los veinte goles. Sólo David Villa lo igualó, en Segunda División, con una eficacia que despertó el interés de clubes de Primera, para acabar en el Zaragoza, donde siguió su meteórica carrera de goleador.

En Primera hubo algunos goleadores destacados de la casa, aunque no fueran delanteros específicos, como es el caso de Joaquín, aunque la mejor estadística fue la de Luis Enrique en su única temporada con el Sporting en la Liga de las Estrellas, en la que ya en diciembre había firmado su compromiso con el Real Madrid. También los once tantos de Monchu fueron el aval para su traspaso al Sevilla en 1992.

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