El «muy listo o muy tonto» hombre del «fúrgol»

Después de casi 30 años en el cargo, Villar manejaba la RFEF como su propio chiringuito

IGNACIO TYLKO

madrid. La gente del fútbol siempre se preguntó cómo era posible que durante casi tres décadas el deporte rey en España fuera gobernado por un tipo extraño que, según queda patente ahora con su detención, manejaba la RFEF como su chiringuito. Casi siempre de viaje y vicepresidente de FIFA y UEFA pese a no manejar ni los idiomas, ni las relaciones públicas ni el discurso fácil, Villar (Bilbao, 1950) supo mover los hilos de las federaciones territoriales, árbitros y sindicatos de jugadores para mantenerse en la poltrona e ir derrotando a todos sus opositores, aunque algunos de ellos crecieran a su abrigo como sus ex secretarios generales Gerardo Gónzález y Jorge Pérez.

Sus allegados siempre afirmaron que se trata de un hombre honrado, familiar, cercano y bromista en las distancias cortas, pero ante la opinión pública se mostraba como una persona huraña. Casi siempre molesto con los periodistas que le cuestionaban temas de actualidad, su táctica de no responder a casi nada, de callar y de protegerse bajo sus escudos siempre le funcionó. Pero el hombre del «fúrgol» ofrecía mala imagen cuando aparecía adormilado en el palco de honor de muchos estadios y en viajes oficiales.

«O Villar es muy listo o es muy tonto». Así de rotundo se mostró el presidente de LaLiga, Javier Tebas, cuando Villar salió indemne del escándalo de corrupción que acabó con los oscuros reinados de Blatter y Platini al frente de la FIFA y de la UEFA, respectivamente. Aunque el dirigente vasco se jactaba de ser vicepresidente de ambos organismos, no se vio salpicado por el 'FIFA Gate', dirigió de forma provisional el organismo rector del fútbol europeo y aspiró incluso a ser presidente en los comicios que ganó el esloveno Alekxander Ceferin.

Octavo mandato

Sin embargo, la detención de Villar ayer puede poner el punto final a un extenso mandato que renovó por octava vez en abril. Aposentado en su poltrona desde 1988, Villar fue respaldado en la Asamblea por 112 votos a favor, 11 en blanco y seis nulos. Jorge Pérez, su último opositor, denunció sin éxito el proceso ante el TAD por estimar que hubo irregularidades en la elección de los miembros de la Asamblea, el cuento de nunca acabar.

A Villar se le ha cuestionado siempre su gestión a diferentes niveles: el funcionamiento y designaciones en el colectivo arbitral, las subvenciones e incluso sus actuaciones contra resoluciones del Gobierno. Los casos abiertos por supuestos favores al Recreativo y al Marino de Tenerife para que siguieran en Segunda B, o el presunto fraude con las partidas concedidas para construir escuelas deportivas en Haití, fueron quizá el principio del fin.

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